miércoles, 4 de noviembre de 2009

Estrellas que iluminan

Hemos abierto una caja con muchos sentimientos. Nos contemplaremos plenos con las estrellas que nos iluminan.

Brillos puros

Disponemos muchos deseos con los que celebrar los elementos que fueron brillos y puros triunfos.

Claude Lévi-Strauss seguirá siendo una gran referencia

Anda la Parca entretenida estos días comunicando, a su manera, claro, con personajes a los que les habíamos cogido querencia, cariño, sí, por su forma de ser, por sus aportaciones, por esas caricias que nos otorgaban con el lenguaje sabiamente manejado, por el conocimiento de las cosas, que nos han llegado de la mejor manera posible. El último, o uno de los últimos, es Claude Lévi-Strauss, un antropólogo de origen francés, alsaciano su padre para más señas, que lo hemos considerado ciudadano del mundo y padre de mucho ideario en la sociología, en las relaciones humanas, en el acercamiento a lo que somos, a lo que pretendemos ser, a lo que imaginamos ser.

No es fácil aproximarnos al ser humano, que, a menudo, se empeña es desposeerse de ese grado de ternura y de comprensión, así como de esos escrúpulos que le pueden hacer, como es, un elemento excepcional en la Naturaleza. Esto es lo que hizo Claude, y lo llevó a cabo con el reconocimiento de una gran mayoría, de los intelectuales, del mundo académico, de las instituciones, de muchos países. No es normal que esta aceptación sea tan unánime y que provenga de atalayas tan dispares.

Muchos son los ecos de su figura en forma de premios, de galardones, de Doctorados Honoris Causa, cosechados por este descendiente de judíos con una enorme amplitud de miras, siempre en busca de conocer el porqué del comportamiento de sus semejantes. Con influencia de Freud y de Marx, y con el acercamiento a los principales filósofos contemporáneos, se convirtió en una figura de referencia para interpretar los comportamientos de las sociedades amenazadas por su mismo crecimiento, por los números, por las frías estadísticas. Es considerado padre y mentor del estructuralismo y es muy famosa su teoría de los mitos.

Además, hemos tenido la suerte (suponemos que no es casualidad) de que ha sido longevo: estaba a punto de cumplir los 101 años. Eso ha hecho que su pensamiento, su imagen, su persona se hayan conocido más y mejor. También ha podido matizar muchas de las cuestiones sobre las que ha escrito, puesto que ha podido defenderlas en persona, sin recurrir a los discípulos que, por otro lado, son numerosos y han realizado una labor impagable.

El caso es que se va una persona irrepetible (todos lo somos), y, por supuesto, le echaremos en falta, pero lo más importante es que quedan sus obras, sus reflexiones, sus análisis, sus dudas, su métodos, sus resoluciones, sus vueltas a empezar con más problemas sencillos o complicados… De algún modo sigue ahí, y siempre continuará para alumbrar los pasos de una Humanidad que, por prisas, por competencias, por diferencias reiteradas, no siempre sabe lo que tiene que ver, lo que le interesa, lo que tiene sentido.

Juan TOMÁS FRUTOS.

martes, 3 de noviembre de 2009

Sí con lo imprescindible

No me veas de cualquier modo ahora que las maneras parecen diferentes. No daremos con todo lo necesario, pero sí con lo imprescindible.

Quizá cambie la suerte

Vamos camino de deseos sin realizar. Todo llegará, pero no parece que éste sea el momento. Quizá cambie la suerte.

A José Luis López Vázquez

Muere a los 87 años José Luis López Vázquez

El espectáculo continúa sin uno de los grandes

El mundo de la escena teatral y cinematográfica española se ha quedado un poco huérfana. Ha muerto uno de sus artistas más versátiles y queridos, José Luis López Vázquez. Pocos como él han reflejado la imagen del hombre, de la mujer, de los años, de la juventud, de la inocencia, del miedo, del humor, de la hermosura de los sentimientos… Creo que supo transmitir que lo más relevante era ser una buena persona. Él lo era.

Recuerdo mi infancia, y le recuerdo a él, entre otros personajes que caracterizaron mi universo imaginado, mis sueños, mis verdades recién aprendidas. Las elucubraciones le tuvieron a él, como a otros, de referente necesario. Por eso, su falta nos deja a todos un poco más solos. Menos mal que la escena española ha crecido, y bien, en las últimas décadas. Podemos considerar que López Vázquez ha sido un icono y un maestro para la gran mayoría de quienes integran el panorama interpretativo español.

Ha tenido todos los premios de cierta reputación en su ámbito. Puede que se le otorgarán un poco tarde, ya mayor, cuando ya no estaba en su mejor momento personal y profesional. Lo importante es que supo de primera mano que para nosotros fue un testigo de su tiempo, del nuestro, de nuestras cosas. Le quisimos, y, de algún modo, lo supo.

José Luis siempre fue capaz de mostrar una versatilidad como pocos han tenido en el mundo del teatro y del cine. Además, amo por igual a ambos, y tanto en obras teatrales como en sus más de 200 películas se le siente cómodo, único, excepcional, por la fuerza y la naturalidad que transmitió. Además, fue un tipo humilde. Nunca pensó que estaba por encima de los demás a pesar de tener una forma de ser tan atípica.

Fue, aunque suene a tópico, una “rara avis” en esta hoguera de las vanidades que nos ha tocado vivir. No entró en iniciativas, actividades o formas de comportamiento propias de grandes estrellas, si bien brilló, con tranquilidad, de manera sincera, más que muchas de ellas.

Recordar a López Vázquez es pensar en ese actor sin el cual no se entiende el cine español en el siglo XX. Forma parte ya de la memoria, del imaginario colectivo, pero va mucho más allá. Fue sencillo, campechano, como cualquiera de nosotros, ni más guapo ni más listo. Desde la intuición y la picardía bien entendida mostró una imagen en la que nos hemos reconocido durante décadas.

Ahora es normal que le echemos de menos. También sería lógico que, amén de una serie de homenajes que, sin duda, vendrán, pongamos en marcha un conjunto de actividades formativas en la esfera del teatro y del cine que tuvieran su nombre y su consideración. Una cátedra José Luis López Vázquez no estaría nada mal. Podríamos hablar años de él, y quedarían muchos flecos en el tintero.

Juan TOMÁS FRUTOS.

lunes, 2 de noviembre de 2009

La tabla de salvación comunicativa

Hemos de buscar anclajes, lugares y asideros a los que poder agarrarnos ante todo tipo de circunstancias. La existencia humana está colmada de muchos fines, de multitud de esferas, de vertientes multicolores con los que edificar el día a día. Hemos de estar preparados para ese gran viaje que es la comunicación, confeccionada con afectos, con razones, con niveles de aprendizaje, con voluntades, con emisores, receptores, canales, mensajes, códigos e interpretaciones de éstos, con efectos, con causas, con percepciones, con cercanías y distancias, con gestos, con colores, con hábitos, con usos y vestimentas de todo género, con aspectos internos y externos, con cercanías y sensaciones. Hay de todo, o debe haberlo, pues todo es comunicación.

El viaje comunicativo es una aventura de cabotaje cargada de sueños y de ilusiones que, en primer lugar, han de satisfacer nuestras ansias de felicidad y de conocimiento y, en segundo término, han de procurar una experiencia que nos conduzca a la madurez, al buen deseo, a las soluciones salubres y equilibradas.

Buscar la verdad tiene la opción de poder encontrarla. Es posible, pero para ello hay que tratar de hacer las cosas de buena manera. La intención loable ayuda a que sea así. Es fantástico ese aliciente del universo que nos rodea cuando lo vemos como parte de la Naturaleza misma, cuando lo intuimos nuestro, como nosotros hemos de vernos insertos en él. Lo estamos, pero no siempre somos capaces de demostrarlo.

En la persecución comunicativa, surgen carencias y señales de todo tipo con informes de peticiones diáfanas. No hemos contribuido a ver todo, pero, si hacemos balance, para estar tranquilos, debemos haber hecho los deberes de conocer las condiciones y circunstancias de un mundo variopinto donde todos tenemos unas razones de ser que hemos de amoldar desde el respeto para seguir en comunicación y con valores de conjunto. Lo individual enriquece, pero aún nos regala más que seamos capaces de encontrarnos en espacios donde todos hemos de tener intereses comunes.

Además, el viaje nos permite distracciones. Es bueno que sea de esta forma. Gracias a ellas, a esas jovialidades, podemos entretenernos mientras aprendemos a ser nosotros mismos. La simpatía ha de ser también base para la experiencia vital de recorrer los espacios y los tiempos que nos regala la existencia en sus puras esencias. Nos hemos colocado bien, y mejor que podremos hacerlo sin somos capaces de vislumbrar que la paciencia y el afán de superación, con tolerancia incluida, nos oferta un itinerario de respuestas y de dudas con las que afanarnos en el presente y en el futuro. Todo está por ver. Y por vivir… Así es gracias a la comunicación, en virtud de ella, con todas las consecuencias y fortunas, que son muchas y dispares. El sumar siempre es bueno, defendible en todo caso, porque construye sociedad. La comunicación bien llevada añade, y por eso es nuestra tabla de salvación.

Juan TOMÁS FRUTOS.