La comunicación se sustenta sobre los niveles racionales y afectivos, pero hay más cosas que debemos tener presentes. Hablar y escuchar: ésa es la base sobre la que construimos el intercambio de pareceres tan sustancial en el aprendizaje humano. El proceso de comunicación, tan repetido en manuales y charlas, es todo un fenómeno de posibilidades abiertas, donde los trayectos y resultados tienen más que ver con las sensibilidades y con las vocaciones de cada cual, esto es, de las personas que comunican, que con el propio afán en sí.
La sensibilidad es fundamental para llegar a los otros. Los afectos, los sentimientos, los intereses subjetivos, las intenciones (las buenas son las que defendemos), los aspectos cognitivos en su grado más supremo… todo conforma una realidad que nos ha de transportar a un brillo donde la normalidad ha de lucir constantemente. Ésa debe ser nuestra pretensión, ahora y siempre. Es mi perspectiva personal, claro.
Todos los elementos cuentan: emisor, receptor, mensaje, canal, códigos, contexto, retroalimentación, etc. La cesión de intereses, la confluencia del habla y de la escucha y los perfiles más pro-activos han de determinar la calidad de un proceso donde todos podemos ganar con su puesta en marcha, con su continuidad expresiva y con la receptividad de los fines que se persiguen más o menos explícitamente.
La vocación ha de ser la del entendimiento. Los otros nos interesan, y hemos de procurar que nos lleguen sus contenidos, como a ellos les deben llegar los nuestros. Ése es el viaje que hemos de protagonizar día tras día, sin descanso. Debemos poner todo el empeño del que seamos capaces para atesorar conocimiento y consenso. No se puede entender el uno sin el otro. No cejemos en esa pretensión, que produce más luces que sombras.
Ponernos en el lugar de quienes comunican con nosotros o con los cuales queremos comunicar es el sustento de todo el proceso. Movámonos, pues, con sus visiones, con sus similitudes y diferencias, con lo que hacen y con lo que no. Vayamos hacia ese portal de consumaciones de credibilidades. Sin ellas, no somos en este proceso, en el cual tenemos que creer desde la experiencia, cumplimentando el formulario de la existencia humana, construida sobre muchos vectores de influencia.
El nexo, por lo tanto, ha de ser el resultante de expresarnos teniendo en cuenta todos los resortes y/o elementos del proceso comunicativo, desde el camino de la sensibilidad y con el afán permanente de comprender a los que nos hablan o nos escuchan. Tengamos en cuenta que hay mucho en juego, y que, además, podemos ganar mucho más que perder. El corazón y la mente son los ejes sobre los que edificar el conocimiento y la complacencia, y así ser mejores personas. Intentemos escuchar la llamada sensible de la comunicación.
Juan TOMÁS FRUTOS.
jueves, 3 de diciembre de 2009
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Si comunicamos, somos amigos
La actividad comunicativa genera fenómenos de valor inmenso: uno de ellos es que fomenta la amistad. Se trata de dos procesos, de dos hechos, de dos resultados desde orígenes compartidos. No se entiende la una sin la otra. No podemos concebir la amistad sin una verdadera comunicación, sin que planteemos todas nuestras dudas, nuestros sueños, nuestras simpatías y errores, si los hubiere, sin que hablemos de lo que ocurre, de lo que nos perturba, de lo que nos interesa y nos complace, de aquello que nos otorga un valor añadido, de aquello otro que no revierte tanto en el resultado apetecido, de todo, vamos. Hemos de conversar, de platicar, de consultar, de expresar lo que portamos en el interior, con el afán sincero de recabar perfiles que ayuden a que todo crezca de la mejor manera posible.
Si no hablamos de todo lo que nos concierne, de lo que nos ocupa y preocupa, no podemos considerarnos amigos de quienes nos rodean. Por eso, el concepto de amistad es mucho más amplio que el de familia. Ésta nos viene dada con determinadas condiciones y circunstancias, mientras que a los amigos los elegimos nosotros, y, además, lo lógico es que la elección tenga que ver con planteamientos de conocimiento previo. Debe.
No podemos, pues, hablar de amistades respecto de los meros conocidos. De un amigo hemos de saber su comportamiento, sus actitudes, sus gustos, sus intereses y objetivos, sus fortalezas y debilidades, lo que haría en situaciones más o menos delicadas o extremas, etc. Si dudamos, si no sabemos con certeza lo que podría llevar a cabo, es que no lo conocemos bien, y, si no somos capaces de hablar de él desde el conocimiento previo, es que es un verdadero amigo: vamos, que no lo es.
Claro que el fracaso en la elección o en la definición siempre es de quien la hace. Los amigos no nos dan largas, no nos defraudan: somos nosotros, si los consideramos como tales, los que hemos optado mal, en el caso que no nos ayuden o no contribuyan ante una necesidad que nos surja. La vida es tan amplia que hemos de saber dar con respuestas, porque las hay variadas, ricas en espíritu, amoldadas a cada cual.
Es evidente que, para elegir bien, hemos de tener tiempo, hemos de saber escuchar, hemos de tener una labor pro-activa que nos transporte a resultados de conocimiento del otro o de los otros. Si no hacemos estos “deberes”, difícilmente daremos con los resultados de entrega y de devoción mutua que han de caracterizar a toda amistad que se precie.
Por resumir, no hay amistad sin comunicación, ni comunicación que no derive en amistad. Ya se sabe que el roce hace el cariño, y el primer acercamiento nos viene de la palabra, de los gestos, de las intenciones y hechos que manifestamos con los diversos códigos y lenguajes que manejamos, o que podemos manejar. Frecuentar las dos caras de la misma moneda brinda una riqueza intangible que podemos saborear cada día. No olvidemos que no hay más alto valor que ése por el que no se puede pagar.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Si no hablamos de todo lo que nos concierne, de lo que nos ocupa y preocupa, no podemos considerarnos amigos de quienes nos rodean. Por eso, el concepto de amistad es mucho más amplio que el de familia. Ésta nos viene dada con determinadas condiciones y circunstancias, mientras que a los amigos los elegimos nosotros, y, además, lo lógico es que la elección tenga que ver con planteamientos de conocimiento previo. Debe.
No podemos, pues, hablar de amistades respecto de los meros conocidos. De un amigo hemos de saber su comportamiento, sus actitudes, sus gustos, sus intereses y objetivos, sus fortalezas y debilidades, lo que haría en situaciones más o menos delicadas o extremas, etc. Si dudamos, si no sabemos con certeza lo que podría llevar a cabo, es que no lo conocemos bien, y, si no somos capaces de hablar de él desde el conocimiento previo, es que es un verdadero amigo: vamos, que no lo es.
Claro que el fracaso en la elección o en la definición siempre es de quien la hace. Los amigos no nos dan largas, no nos defraudan: somos nosotros, si los consideramos como tales, los que hemos optado mal, en el caso que no nos ayuden o no contribuyan ante una necesidad que nos surja. La vida es tan amplia que hemos de saber dar con respuestas, porque las hay variadas, ricas en espíritu, amoldadas a cada cual.
Es evidente que, para elegir bien, hemos de tener tiempo, hemos de saber escuchar, hemos de tener una labor pro-activa que nos transporte a resultados de conocimiento del otro o de los otros. Si no hacemos estos “deberes”, difícilmente daremos con los resultados de entrega y de devoción mutua que han de caracterizar a toda amistad que se precie.
Por resumir, no hay amistad sin comunicación, ni comunicación que no derive en amistad. Ya se sabe que el roce hace el cariño, y el primer acercamiento nos viene de la palabra, de los gestos, de las intenciones y hechos que manifestamos con los diversos códigos y lenguajes que manejamos, o que podemos manejar. Frecuentar las dos caras de la misma moneda brinda una riqueza intangible que podemos saborear cada día. No olvidemos que no hay más alto valor que ése por el que no se puede pagar.
Juan TOMÁS FRUTOS.
martes, 1 de diciembre de 2009
Procurar la mejoría comunicativa
Los procesos de información son constantes. Hay aciertos que hemos de potenciar y errores, también cotidianos, que hemos de mitigar. Hagamos todo lo posible por conseguir que la comunicación opere en nuestras vidas y que éstas, con ella, crezcan. El esfuerzo comunicativo ha de estar bien incardinado, aunque fracasemos. Hemos de adecuar el discurso con una promesa de dirigirnos hacia ese proceso que supone la comunicación en estado puro. Busquemos, y seguro que hallaremos. Hemos de embarcarnos en aspectos de convencimiento y de preparación hacia el encuentro pacífico más creíble. La virtud está en el plano medio, pero hemos de arriesgar un poco más.
La prudencia es la guía, pero debemos asomarnos al exterior de una materia que nos propone seguimientos hacia estelas que nos invitan a mirar al mar casi océano, por grande, por ingente, por aglutinador de conceptos y de realidades. Escuchemos, tengamos en cuenta todas las variables posibles, y tomemos medidas al respecto.
Salgamos del caparazón que puede ser protector, y digamos si la senda nos llena. Si no lo hace, hemos de cambiar el “chip”, la mirada, la perspectiva. Ganemos terreno al silencio, que casi nunca es rentable, y tratemos de entablar unos enlaces con los que unir deseos, anhelos y planteamientos variados con los que incrementarnos espiritualmente, con los que ir más allá, con los que adelantar las posibilidades con las que nos sentimos, o debemos sentirnos, más colmados.
Hemos de procurar mejorar. El tesón es fundamental. Debemos ir más allá. Generemos posturas novedosas, cercanas, hechas a la medida de los planteamientos con los que hemos de crecer. La vida es aprendizaje perpetuo. No dejemos de buscar la docencia, pues, si no tenemos ese deber como elemento básico, no llegaremos a ninguna parte. Debemos estar unidos.
El directo es la misma existencia, que ha de nutrirse de cuestiones que hemos de considerar básicas. Gestemos emociones, brillemos, demos, estemos abiertos a recibir e indaguemos con el afán de articular más actitudes aleccionadoras y de aprendizaje de presente y de futuro. No nos quedemos cortos. Tampoco vayamos sobrados. Tengamos la mesura como referencia.
La singladura ha de marchar siempre hacia el horizonte de la comunicación, de saber estar, de estar entre los demás, de quienes hemos de procurar aprender constantemente. Claro que podemos. Consideremos también que recibimos mucho más que damos cuando estamos ofrecidos sin solución de continuidad. Probar con la medida del corazón es una buena práctica con la que hemos de cosechar interesantes frutos. Saborearlos es un placer que no debemos perdernos.
Juan TOMÁS FRUTOS.
La prudencia es la guía, pero debemos asomarnos al exterior de una materia que nos propone seguimientos hacia estelas que nos invitan a mirar al mar casi océano, por grande, por ingente, por aglutinador de conceptos y de realidades. Escuchemos, tengamos en cuenta todas las variables posibles, y tomemos medidas al respecto.
Salgamos del caparazón que puede ser protector, y digamos si la senda nos llena. Si no lo hace, hemos de cambiar el “chip”, la mirada, la perspectiva. Ganemos terreno al silencio, que casi nunca es rentable, y tratemos de entablar unos enlaces con los que unir deseos, anhelos y planteamientos variados con los que incrementarnos espiritualmente, con los que ir más allá, con los que adelantar las posibilidades con las que nos sentimos, o debemos sentirnos, más colmados.
Hemos de procurar mejorar. El tesón es fundamental. Debemos ir más allá. Generemos posturas novedosas, cercanas, hechas a la medida de los planteamientos con los que hemos de crecer. La vida es aprendizaje perpetuo. No dejemos de buscar la docencia, pues, si no tenemos ese deber como elemento básico, no llegaremos a ninguna parte. Debemos estar unidos.
El directo es la misma existencia, que ha de nutrirse de cuestiones que hemos de considerar básicas. Gestemos emociones, brillemos, demos, estemos abiertos a recibir e indaguemos con el afán de articular más actitudes aleccionadoras y de aprendizaje de presente y de futuro. No nos quedemos cortos. Tampoco vayamos sobrados. Tengamos la mesura como referencia.
La singladura ha de marchar siempre hacia el horizonte de la comunicación, de saber estar, de estar entre los demás, de quienes hemos de procurar aprender constantemente. Claro que podemos. Consideremos también que recibimos mucho más que damos cuando estamos ofrecidos sin solución de continuidad. Probar con la medida del corazón es una buena práctica con la que hemos de cosechar interesantes frutos. Saborearlos es un placer que no debemos perdernos.
Juan TOMÁS FRUTOS.
lunes, 30 de noviembre de 2009
Sobre las circunstancias comunicativas
Las circunstancias definen y perfilan todas las iniciativas y actuaciones de nuestra vida diaria. En la comunicación es básico que amoldemos todos los elementos y recursos que tienen que ver y que intervienen en ella. En los aparatos de televisión más antiguos, aquellos de los años 50, 60 y puede que hasta de principios de los 70, había una manivela que ponía en su parte inferior: “ajuste fino”. Era, precisamente, para corregir un poco una señal audiovisual que no siempre llegaba en las condiciones apetecibles y/o deseables.
Me sirve este preámbulo para hablar sobre los ajustes de la comunicación, que ha de estar en un perenne chequeo, en el compromiso de conocer qué es lo que se dice, con qué motivaciones, cómo, por qué, desde dónde, hacia qué conclusiones y/o oportunidades, etc.
La comunicación es un proceso tan expansivo, aunque se trate a veces, muchas, de procesos locales o minimalistas, que hemos de aplicar actuaciones de comprobación en torno a cuáles son las intenciones con las cuales nos queremos mover.
La vida es el directo, según nos recordaba una canción, y en ese directo nos hemos de mover hacia ese horizonte donde podamos aprender todos de todos con el afán de conseguir una cultura compartida, consensuada, mestiza, con lo mejor de cada cual, respetando las minorías, así como los anhelos de quienes conforman la sociedad, que, repetimos, somos todos.
La comunicación es ese proceso que se da entre emisores y receptores, a través de uno o varios canales, con unos determinados códigos lingüísticos, teniendo en cuenta el contexto, buscando la significación del lenguaje gestual y de la proxémica, aspirando a un mensaje claro, cercano, explícito, breve en sus planteamientos para que sea asumible por todas las partes, y siempre con el propósito de generar una pro-actividad, esto es, una retroalimentación, un efecto, unas consecuencias, etc.
Cuando algunos sentimientos o algunas ideas no estén lo suficientemente desmenuzadas, hemos de recurrir a la redundancia, a la vuelta a la explicación, con el objetivo de que se produzca un procedimiento pleno, brillante, de ida y de vuelta, enriquecedor, por lo tanto.
Busquemos, por lo tanto, el contacto, escuchando, cediendo para que el otro (o los otros, o las otras) nos vean como aliados. El proceso más maravilloso que vive el ser humano es la conexión con los demás. Es cuestión de mejorarlo, de vivirlo, de protagonizarlo con pasión y con mucho positivismo. Ya saben: hablamos de intercomunicaciones, de engarzar en el ámbito de la comunicación. Pensemos en las circunstancias que rodean todo este proceso.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Me sirve este preámbulo para hablar sobre los ajustes de la comunicación, que ha de estar en un perenne chequeo, en el compromiso de conocer qué es lo que se dice, con qué motivaciones, cómo, por qué, desde dónde, hacia qué conclusiones y/o oportunidades, etc.
La comunicación es un proceso tan expansivo, aunque se trate a veces, muchas, de procesos locales o minimalistas, que hemos de aplicar actuaciones de comprobación en torno a cuáles son las intenciones con las cuales nos queremos mover.
La vida es el directo, según nos recordaba una canción, y en ese directo nos hemos de mover hacia ese horizonte donde podamos aprender todos de todos con el afán de conseguir una cultura compartida, consensuada, mestiza, con lo mejor de cada cual, respetando las minorías, así como los anhelos de quienes conforman la sociedad, que, repetimos, somos todos.
La comunicación es ese proceso que se da entre emisores y receptores, a través de uno o varios canales, con unos determinados códigos lingüísticos, teniendo en cuenta el contexto, buscando la significación del lenguaje gestual y de la proxémica, aspirando a un mensaje claro, cercano, explícito, breve en sus planteamientos para que sea asumible por todas las partes, y siempre con el propósito de generar una pro-actividad, esto es, una retroalimentación, un efecto, unas consecuencias, etc.
Cuando algunos sentimientos o algunas ideas no estén lo suficientemente desmenuzadas, hemos de recurrir a la redundancia, a la vuelta a la explicación, con el objetivo de que se produzca un procedimiento pleno, brillante, de ida y de vuelta, enriquecedor, por lo tanto.
Busquemos, por lo tanto, el contacto, escuchando, cediendo para que el otro (o los otros, o las otras) nos vean como aliados. El proceso más maravilloso que vive el ser humano es la conexión con los demás. Es cuestión de mejorarlo, de vivirlo, de protagonizarlo con pasión y con mucho positivismo. Ya saben: hablamos de intercomunicaciones, de engarzar en el ámbito de la comunicación. Pensemos en las circunstancias que rodean todo este proceso.
Juan TOMÁS FRUTOS.
sábado, 28 de noviembre de 2009
Por dentro
Dirigimos el contento hacia el amor más sano. La verdad nos hace más fuertes. Seremos más guapos por dentro.
Actitudes corregidas
Nos promovemos como amigos. Lo seremos por siempre. Participamos. Hemos corregido actitudes.
viernes, 27 de noviembre de 2009
El Colegio Profesional, una obra de todos para todos
Es para mi un honor mostraros este pequeño opúsculo que no tiene más vocación que hilvanar toda una serie de informaciones dispersas que había sobre la Asociación de la Prensa y acerca de todo el proceso de tramitación realizado hasta culminar en la creación, en paralelo, del Colegio Oficial de Periodistas.
Aquí encontrarás un poco de todo: información acerca de nuestra historia, sobre las publicaciones y nuestra presencia mediática, de nuestro patrimonio artístico, de los fines que perseguimos, y, claro está, en torno a quienes somos, así como hacia dónde vamos y sobre las actividades diarias que desempeñamos, que son muchas y de diversa índole.
Por ejemplo, os mostramos la importancia de nuestra biblioteca, repasamos las numerosas actividades de nuestra historia y, si tienes dudas de algún aspecto legal, te dejamos la Ley que nos rige, en el caso del Colegio, sin olvidar los Estatutos de la Asociación, de la Hoja del Lunes y del propio Colegio.
Compañero/a, queremos que tengas esta obra a mano, casi de consulta periódica, para que repases lo esencial y también lo anecdótico. Poco a poco la iremos “engordando” (sin prisa, pero sin pausa) con aspectos de todo género, y, en sucesivas ediciones, iremos construyendo el castillo de esas ilusiones pragmáticas que conforman nuestra realidad profesional.
Te presentamos, igualmente, direcciones donde puedes hallar documentación nuestra, alguna de ella muy actual y muy útil en los actuales tiempos, donde la formación lo es todo, a la par que el conocimiento permanente y constante.
No se os escapa, porque lo reiteramos mucho, que estamos ante una etapa maravillosa, llena de tantas oportunidades como seamos capaces de gestar. Seguro que el futuro, pese a su complejidad, que no debemos soslayar a la hora de afrontarla, está lleno de opciones, que procuraremos (todos juntos, eso sí) aprovechar.
De momento, queda en vuestras manos esta obra, que busca crear una idea de grupo y de conjunción de intereses. Por ahí anda buena parte de nuestro afán, que ha de poner en valor siempre algo bien sabido: “la unión hace la fuerza”. Como solemos repetir, porque es cierto, el Colegio es una obra de todos y para todos. Ésta es una piedra más del sustrato que estamos consolidando.
Un fuerte abrazo a todos/as,
Juan TOMÁS FRUTOS.
P.D.: De la presentación de libro dedicado a la Asociación de la Prensa y al Colegio Oficial de Periodistas de la Region de Murcia.
Aquí encontrarás un poco de todo: información acerca de nuestra historia, sobre las publicaciones y nuestra presencia mediática, de nuestro patrimonio artístico, de los fines que perseguimos, y, claro está, en torno a quienes somos, así como hacia dónde vamos y sobre las actividades diarias que desempeñamos, que son muchas y de diversa índole.
Por ejemplo, os mostramos la importancia de nuestra biblioteca, repasamos las numerosas actividades de nuestra historia y, si tienes dudas de algún aspecto legal, te dejamos la Ley que nos rige, en el caso del Colegio, sin olvidar los Estatutos de la Asociación, de la Hoja del Lunes y del propio Colegio.
Compañero/a, queremos que tengas esta obra a mano, casi de consulta periódica, para que repases lo esencial y también lo anecdótico. Poco a poco la iremos “engordando” (sin prisa, pero sin pausa) con aspectos de todo género, y, en sucesivas ediciones, iremos construyendo el castillo de esas ilusiones pragmáticas que conforman nuestra realidad profesional.
Te presentamos, igualmente, direcciones donde puedes hallar documentación nuestra, alguna de ella muy actual y muy útil en los actuales tiempos, donde la formación lo es todo, a la par que el conocimiento permanente y constante.
No se os escapa, porque lo reiteramos mucho, que estamos ante una etapa maravillosa, llena de tantas oportunidades como seamos capaces de gestar. Seguro que el futuro, pese a su complejidad, que no debemos soslayar a la hora de afrontarla, está lleno de opciones, que procuraremos (todos juntos, eso sí) aprovechar.
De momento, queda en vuestras manos esta obra, que busca crear una idea de grupo y de conjunción de intereses. Por ahí anda buena parte de nuestro afán, que ha de poner en valor siempre algo bien sabido: “la unión hace la fuerza”. Como solemos repetir, porque es cierto, el Colegio es una obra de todos y para todos. Ésta es una piedra más del sustrato que estamos consolidando.
Un fuerte abrazo a todos/as,
Juan TOMÁS FRUTOS.
P.D.: De la presentación de libro dedicado a la Asociación de la Prensa y al Colegio Oficial de Periodistas de la Region de Murcia.
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