La situación es la que es, y debemos reconocerla sin paliativos. La crisis está ahí, y hemos de mirarla a la cara para afrontarla. Ha terminado un año complejo en muchos ámbitos, y también en el periodístico-comunicativo. Quizá es un buen momento para hacer un balance, aunque sea una valoración transitoria, pendiente de resolución con lo que ha de venir en los próximos meses. El 2009 pasará a la historia como el año de la crisis, de la gran crisis, de esa mala coyuntura largamente anunciada, y, por desgracia, vivida en nuestras propias carnes. Junto a una crisis ya compleja, el sector de la comunicación protagonizó uno de sus peores momentos: se perdieron en el contexto nacional más de 3000 empleos de periodistas; y, en el caso de Murcia, muchos medios redujeron sus plantillas como consecuencia de una merma sustancial en sus ingresos publicitarios, que llegaron a caer, en algunos casos, en más del 50 por ciento. Incluso hubo varios que cerraron con el coste profesional que ello supuso, sin olvidar la menor oferta informativa con la que se ha quedado la sociedad murciana.
Todo no fue malo, o eso pensamos. Fue también el año de la puesta en marcha del Colegio. Como no pudimos elegir el momento, no debemos quejarnos, sino afrontar las circunstancias existentes. La coyuntura no podía ser peor, pero también creemos que, en las dificultades, en las necesidades, surgen apuestas decididas por una mayor unión que nos conduzca por sendas de mejora sustancial.
En 2009 hicimos un estudio que hablaba de que somos un sector joven, pues casi el 70 por ciento de los trabajadores tienen menos de 40 años. Por otro lado, se hablaba de precariedad, con dos tercios de informadores sin contratos fijos (un tercio son autónomos). Se indicaba también que hay más de un 20 por ciento que trabaja todos los fines de semana y que acaba más tarde de las 22:00 horas todos los días, con lo que ello implica desde el punto de vista de la conciliación con la familia. Finalmente, y entre otros datos, reseñábamos que más del 50 por ciento recibían menos de 1.000 euros por su trabajo. El panorama no es nada halagüeño con los datos en la mano.
Por ello, el Colegio incidirá, sobre todo, y dado este panorama, en cuestiones formativas, de asesoramiento, programando becas y actividades culturales y educativas en el sector, y se ocupará también de intentar que el sector recupere el viejo prestigio perdido. Los periodistas nos hallamos a la cola en cuanto a valoración social, y eso debemos cambiarlo. No olvidemos que, sin el crédito de la sociedad, no somos nada. Por ello nos encantará poner en marcha comisiones de trabajo compuestas por trabajadores y directivos de medios de comunicación en la idea de ir mejorando todo cuanto podamos. Lo lograremos.
Una de las apuestas por las que vamos a trabajar es la puesta en marcha de una Cátedra de Comunicación, así como para instaurar una potente página Web que nos permita ser referente en el ámbito comunicativo dentro y fuera de la Región. Hacen falta recursos para ello, y seguro que llegarán. De momento, tenemos lo más importante, que es ilusión, que esperamos que no falte.
El sector, pese a sus demandas y necesidades, frente al intrusismo, la precariedad, los bajos salarios, las presiones por falta de personal que a veces redunda en una merma en la calidad, sin olvidar la deuda que tenemos con nosotros mismos para recuperar la honorabilidad que nos hacen perder ciertas prácticas, como el mal periodismo del corazón o el surgido de los “realities”, en toda esta situación, los profesionales de la comunicación, decimos, tenemos por delante importantes desafíos que seguro que vamos a superar, a pesar de las dificultades.
Intentaremos, por ende, ser una institución fuerte, bien preparada, para poder ayudar a todos y cada uno. Convertirnos en referencia para solventar en común los problemas y para potenciar las virtudes existentes es el emblema con el que estamos trabajando. Nos moveremos sin prisa, pero sin pausa.
El 2009 ha sido un año complejo, con altibajos, con luces y sombras en todos los ámbitos: el económico, el político, el social, el cultural, etc. Aprovechemos la experiencia de lo vivido para sacar partido a las circunstancias que tenemos por delante. Juntos, como venimos diciendo, seremos capaces. Seguro. Tengamos presente, pues, la cosecha de la experiencia, y también de los años. Tras los balances y las interpretaciones, toca la movilización y la puesta en marcha de actividades y de actuaciones que nos conduzcan donde todos debemos estar bajo la repetida y necesaria premisa de que la unión hace la fuerza. Si detectamos los ejes de la situación, como hemos hecho aquí con algunos de ellos, daremos con solventes soluciones que nos ayudarán de manera conjunta.
Juan TOMÁS FRUTOS.
viernes, 15 de enero de 2010
jueves, 14 de enero de 2010
Destreza comunicativa
Intentemos ser diestros. El esfuerzo pausado ha de ir en ese sentido. Tengamos tanto y decisión, que son dos complementos maravillosos en los actos comunicativos, esto es, en las relaciones humanas. Existimos de manera real cuando el comportamiento se desplaza, a veces sin ser consciente de ello, hacia el infinito del porvenir. Vivimos para dar la palabra, ya sea hablada, pensada, escrita, abstracta, realizada, pendiente de amagos de pensamientos. Existimos para dar con las claves de unas calladas respuestas que han de seguir por las sendas más sensibles y sensatas. Pensemos en estar bien, y seguro que lo estaremos, pero debemos hacer ese ejercicio de dinámica prometedora.
Estamos en esos planteamientos en los que la conversación ha de ser la voluntad con un sentimiento de causas ganadas aunque sea poco a poco. Podemos estar tan estupendamente como deseemos, si la esperanza es verdadera, si la experimentamos con el diálogo que hemos de mantener con nosotros mismos.
Consumimos el tiempo con una destreza que nos hace aplaudir los éxitos que hemos de extender a los amigos, a los conocidos, a todos en general. No olvidemos que los buenos sentimientos generan mejores acciones, y, sobre todo, nos permiten que profundicemos en el perdón y en la compasión, no sólo hacia los demás, sino igualmente respecto a nuestros propios actos.
Apostemos por lo intangible y seamos sensatos y cautos. Ese equilibrio de fuerzas y de intereses nos conducirá por mundos maravillosos, también a caballo entre lo real y lo onírico. Necesitamos miradas que nos hagan abogar por las causas perdidas, que no siempre lo son, o no lo son tanto como pensamos. Pidamos consejo cuando sea menester.
Las prisas, a menudo necesarias, no son en todo momento esas acompañantes que nos han de dar esa palmadita con la que crecer espiritualmente. Nos hemos de apuntar a esa lista donde todos somos parte de un grupo en expansión que se regala buenas vibraciones, que precisamos para justificar algunas derrotas o demoras.
Somos poesía, somos prosa poética, somos la parte más dulce, aunque en repetidas ocasiones la escondamos para protegernos o como consecuencia de una ignorancia mal encarada. La sensibilidad es todo, pues es la que mejor aprendemos. Repetimos los conceptos desde esa óptica porque es la que más incide, la que, indefectiblemente, recordamos. Es difícil que olvidemos una buena acción. La idea sería corresponderla con el paso del tiempo. Por favor, seamos consecuentes con este modelo.
Fomentemos, pues, los momentos de entrega, de mirada conciliadora, de amor compartido en sus diversas expresiones y a través del concierto que es la base de la comunicación efectiva y eficiente. No nos declaremos derrotados antes de empezar con el camino de una memoria que nos ha de saber a lo mejor de lo mejor. Somos palabra, y a ella volvemos. En ese tránsito, que no trámite, hemos de aprender y compartir, lo que hará que los ciclos del itinerario que entre todos recorremos vayan siendo más grandes, más hermosos y más constructivos de la realidad social. La evolución tiene mucho que ver (todo probablemente) con la palabra, con la comunicación. Como señalamos, vivimos para ello, para la conciliación a través de la conversación, de saber de los demás, y de que los otros sepan de nuestra existencia, claro. La habilidad en el hablar, que también tiene que ver con la prudencia, nos emplaza en escenarios intelectualmente ideales con los que incrementar el gozo del aprendizaje y de la misma experiencia de vivir.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Estamos en esos planteamientos en los que la conversación ha de ser la voluntad con un sentimiento de causas ganadas aunque sea poco a poco. Podemos estar tan estupendamente como deseemos, si la esperanza es verdadera, si la experimentamos con el diálogo que hemos de mantener con nosotros mismos.
Consumimos el tiempo con una destreza que nos hace aplaudir los éxitos que hemos de extender a los amigos, a los conocidos, a todos en general. No olvidemos que los buenos sentimientos generan mejores acciones, y, sobre todo, nos permiten que profundicemos en el perdón y en la compasión, no sólo hacia los demás, sino igualmente respecto a nuestros propios actos.
Apostemos por lo intangible y seamos sensatos y cautos. Ese equilibrio de fuerzas y de intereses nos conducirá por mundos maravillosos, también a caballo entre lo real y lo onírico. Necesitamos miradas que nos hagan abogar por las causas perdidas, que no siempre lo son, o no lo son tanto como pensamos. Pidamos consejo cuando sea menester.
Las prisas, a menudo necesarias, no son en todo momento esas acompañantes que nos han de dar esa palmadita con la que crecer espiritualmente. Nos hemos de apuntar a esa lista donde todos somos parte de un grupo en expansión que se regala buenas vibraciones, que precisamos para justificar algunas derrotas o demoras.
Somos poesía, somos prosa poética, somos la parte más dulce, aunque en repetidas ocasiones la escondamos para protegernos o como consecuencia de una ignorancia mal encarada. La sensibilidad es todo, pues es la que mejor aprendemos. Repetimos los conceptos desde esa óptica porque es la que más incide, la que, indefectiblemente, recordamos. Es difícil que olvidemos una buena acción. La idea sería corresponderla con el paso del tiempo. Por favor, seamos consecuentes con este modelo.
Fomentemos, pues, los momentos de entrega, de mirada conciliadora, de amor compartido en sus diversas expresiones y a través del concierto que es la base de la comunicación efectiva y eficiente. No nos declaremos derrotados antes de empezar con el camino de una memoria que nos ha de saber a lo mejor de lo mejor. Somos palabra, y a ella volvemos. En ese tránsito, que no trámite, hemos de aprender y compartir, lo que hará que los ciclos del itinerario que entre todos recorremos vayan siendo más grandes, más hermosos y más constructivos de la realidad social. La evolución tiene mucho que ver (todo probablemente) con la palabra, con la comunicación. Como señalamos, vivimos para ello, para la conciliación a través de la conversación, de saber de los demás, y de que los otros sepan de nuestra existencia, claro. La habilidad en el hablar, que también tiene que ver con la prudencia, nos emplaza en escenarios intelectualmente ideales con los que incrementar el gozo del aprendizaje y de la misma experiencia de vivir.
Juan TOMÁS FRUTOS.
miércoles, 13 de enero de 2010
La comunicación y sus perfiles
El proceso comunicativo es tan amplio como enriquecedor en sus opciones. Hay en él multitud de elementos. Todo debe ser analizado desde diferentes perspectivas, que todas son buenas por alternativas y/o complementarias. Es el caso que nos ocupa. La comunicación tiene muchos aspectos, muchos vectores de influencia, muchos perfiles que hemos tener en cuenta. Debemos acercarnos, desde la meditación quieta y sosegada, a una serie de elementos, de procesos, de sensaciones, de sentimientos y hasta de itinerarios en torno a los procesos informativos, analizados éstos desde el anhelo positivo de las ventajas y añadidos que suponen.
Los intangibles, puede que universales, de la comunicación son tenidos en cuenta, deben serlo, desde ópticas deontológicas, profesionales, de las mismas asociaciones y entidades gremiales, desde la praxis diaria, desde las controversias, los elementos, las ventajas y los inconvenientes de procedimientos de un valor esencial para el individuo y, por supuesto, para la sociedad al completo.
Tengamos en cuenta, en un análisis denso y profundo, un amplio abanico de contenidos, de asuntos, de incidencias, de posiciones y de ópticas en la comunicación como proceso vivo que es, con un puro dinamismo, si sabemos verlo, contemplado, asimismo, desde un planteamiento teórico y a la vez práctico. Seguro que advirtiendo los matices periodísticos y empresariales, al tiempo que analizamos todo un bagaje de condiciones y de características matrices y accesorias, daremos con algunas claves de los procesos, de las rutinas, de los cambios y mutaciones que se producen, de los claros y oscuros de un panorama, el mediático, que es básico y crucial para cualquier comunidad que se autodenomine democrática.
Hay muchas incógnitas y preguntas abiertas que se han de contemplar con un afán prometedor y gestando una actitud crítica y racional, subjetiva y hermosamente amorosa, en la presencia cotidiana y necesaria de los medios de comunicación, de sus profesionales y de los mensajes que se sirven a la sociedad, la cual precisa de éstos para ser libre, al tiempo que ha de sustentar, esa misma sociedad, la independencia de lo que podría ser considerado como cuarto poder, quinto poder o contrapoder, en su fin de defensa del conocimiento, de la libertad de información y de opinión, y, cómo no, de la libre expresión. La esperanza comunicativa ha de ser no defraudar, no al menos con intención. La idea es seguir adelante con fuerza, con empeño, con el interés mayúsculo de servir a todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas, que son los auténticos baluartes, referentes y dueños de la información y del derecho a obtenerla.
La comunicación tiene múltiples visiones, toda una suerte de características con las cuales hemos de procurar mejorar en lo personal y en lo colectivo. Ése es el propósito. Cada día hemos de laborar por él. El entusiasmo que incorporemos a este quehacer tendrá, indudablemente, ida y vuelta. No olvidemos que el espíritu crítico y las contemplaciones desde ópticas diversas nos llevan a ver el proceso como algo “globalizador” y totalizador, que lo es. Estudiemos sus movimientos, todos sus valores fundamentales y las opciones que acarrea, y seguro que caeremos en la cuenta, una vez más, de cuanto nos permite.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Los intangibles, puede que universales, de la comunicación son tenidos en cuenta, deben serlo, desde ópticas deontológicas, profesionales, de las mismas asociaciones y entidades gremiales, desde la praxis diaria, desde las controversias, los elementos, las ventajas y los inconvenientes de procedimientos de un valor esencial para el individuo y, por supuesto, para la sociedad al completo.
Tengamos en cuenta, en un análisis denso y profundo, un amplio abanico de contenidos, de asuntos, de incidencias, de posiciones y de ópticas en la comunicación como proceso vivo que es, con un puro dinamismo, si sabemos verlo, contemplado, asimismo, desde un planteamiento teórico y a la vez práctico. Seguro que advirtiendo los matices periodísticos y empresariales, al tiempo que analizamos todo un bagaje de condiciones y de características matrices y accesorias, daremos con algunas claves de los procesos, de las rutinas, de los cambios y mutaciones que se producen, de los claros y oscuros de un panorama, el mediático, que es básico y crucial para cualquier comunidad que se autodenomine democrática.
Hay muchas incógnitas y preguntas abiertas que se han de contemplar con un afán prometedor y gestando una actitud crítica y racional, subjetiva y hermosamente amorosa, en la presencia cotidiana y necesaria de los medios de comunicación, de sus profesionales y de los mensajes que se sirven a la sociedad, la cual precisa de éstos para ser libre, al tiempo que ha de sustentar, esa misma sociedad, la independencia de lo que podría ser considerado como cuarto poder, quinto poder o contrapoder, en su fin de defensa del conocimiento, de la libertad de información y de opinión, y, cómo no, de la libre expresión. La esperanza comunicativa ha de ser no defraudar, no al menos con intención. La idea es seguir adelante con fuerza, con empeño, con el interés mayúsculo de servir a todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas, que son los auténticos baluartes, referentes y dueños de la información y del derecho a obtenerla.
La comunicación tiene múltiples visiones, toda una suerte de características con las cuales hemos de procurar mejorar en lo personal y en lo colectivo. Ése es el propósito. Cada día hemos de laborar por él. El entusiasmo que incorporemos a este quehacer tendrá, indudablemente, ida y vuelta. No olvidemos que el espíritu crítico y las contemplaciones desde ópticas diversas nos llevan a ver el proceso como algo “globalizador” y totalizador, que lo es. Estudiemos sus movimientos, todos sus valores fundamentales y las opciones que acarrea, y seguro que caeremos en la cuenta, una vez más, de cuanto nos permite.
Juan TOMÁS FRUTOS.
martes, 12 de enero de 2010
LEY DEL AUDIOVISUAL (II)
CONSIDERACIONES ACERCA DE LA LEY GENERAL DE COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL
Mientras la futura Ley General de Comunicación Audiovisual sigue su trámite, una vez aprobada por la Comisión Constitucional del Congreso, y cuando se dirige al Senado para su oportuno análisis y consideración, hacemos una serie de reflexiones:
-Aplaudimos la creación del Consejo Audiovisual. Es positivo. Pedimos que tenga más competencias y que, en caso de propuesta de cierre o de fuertes sanciones, sea ratificada la decisión por un juez especializado en el sector. Solicitamos, igualmente, que las organizaciones profesionales tengamos presencia en ese Consejo.
-Nos preocupa la financiación de la televisión del Estado. De hecho, que RTVE no aparezca como un servicio público esencial en esta Ley es un paso atrás (así lo consideramos).
-Pedimos máxima protección para los menores. En algunos casos queda como una serie de intenciones. Quizá se pueda llegar más lejos que lo que establece la normativa básica europea. Recordemos que hay un Código de Autorregulación firmado entre el Gobierno y las televisiones. Reclamamos que se cumpla. El sector debe ser capaz de autorregularse desde la ética y la deontología.
-Nos gusta la limitación que se hace de la publicidad, si bien pedimos un máximo de 12 minutos incluyendo publicidad, autopromociones y tele-promociones.
-Se permite la unión, la fusión, de televisiones privadas, y nos parece bien, pero hay que pensar en los trabajadores. Se han de garantizar unos mínimos y velar por ellos. El sector de la comunicación tiene unos altos índices de precariedad, de bajos salarios y de desempleo. Si no hay calidad en el trabajo, se puede poner en tela de juicio el resultado del quehacer informativo y comunicativo.
-La Ley expresa la prohibición de emitir anuncios que puedan promover en los más pequeños el culto al cuerpo. Pedimos cuidado también en este sentido en las autopromociones, en las tele-promociones y en las mismas películas, series y el resto de los espacios. Reclamamos responsabilidad y autocontrol en este sentido también.
-Nos parece bien poner orden en el panorama radiofónico.
-Esta norma establece la prohibición de emitir en abierto y para todos los públicos aquellos contenidos esencialmente pornográficos o de violencia pura, dura y gratuita. Pedimos, por favor, que se cumpla a rajatabla.
-Quizá habría que expresar, además del fútbol, más contenidos de interés general.
-Bien por fijar garantías de acceso a los discapacitados y por la promoción de la igualdad real a través de las televisiones televisivas. Pedimos, obviamente, que esto no se quede en una declaración de intenciones.
Ojalá que el esfuerzo que se está realizando entre todos nos lleve al punto que todos también deseamos.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Mientras la futura Ley General de Comunicación Audiovisual sigue su trámite, una vez aprobada por la Comisión Constitucional del Congreso, y cuando se dirige al Senado para su oportuno análisis y consideración, hacemos una serie de reflexiones:
-Aplaudimos la creación del Consejo Audiovisual. Es positivo. Pedimos que tenga más competencias y que, en caso de propuesta de cierre o de fuertes sanciones, sea ratificada la decisión por un juez especializado en el sector. Solicitamos, igualmente, que las organizaciones profesionales tengamos presencia en ese Consejo.
-Nos preocupa la financiación de la televisión del Estado. De hecho, que RTVE no aparezca como un servicio público esencial en esta Ley es un paso atrás (así lo consideramos).
-Pedimos máxima protección para los menores. En algunos casos queda como una serie de intenciones. Quizá se pueda llegar más lejos que lo que establece la normativa básica europea. Recordemos que hay un Código de Autorregulación firmado entre el Gobierno y las televisiones. Reclamamos que se cumpla. El sector debe ser capaz de autorregularse desde la ética y la deontología.
-Nos gusta la limitación que se hace de la publicidad, si bien pedimos un máximo de 12 minutos incluyendo publicidad, autopromociones y tele-promociones.
-Se permite la unión, la fusión, de televisiones privadas, y nos parece bien, pero hay que pensar en los trabajadores. Se han de garantizar unos mínimos y velar por ellos. El sector de la comunicación tiene unos altos índices de precariedad, de bajos salarios y de desempleo. Si no hay calidad en el trabajo, se puede poner en tela de juicio el resultado del quehacer informativo y comunicativo.
-La Ley expresa la prohibición de emitir anuncios que puedan promover en los más pequeños el culto al cuerpo. Pedimos cuidado también en este sentido en las autopromociones, en las tele-promociones y en las mismas películas, series y el resto de los espacios. Reclamamos responsabilidad y autocontrol en este sentido también.
-Nos parece bien poner orden en el panorama radiofónico.
-Esta norma establece la prohibición de emitir en abierto y para todos los públicos aquellos contenidos esencialmente pornográficos o de violencia pura, dura y gratuita. Pedimos, por favor, que se cumpla a rajatabla.
-Quizá habría que expresar, además del fútbol, más contenidos de interés general.
-Bien por fijar garantías de acceso a los discapacitados y por la promoción de la igualdad real a través de las televisiones televisivas. Pedimos, obviamente, que esto no se quede en una declaración de intenciones.
Ojalá que el esfuerzo que se está realizando entre todos nos lleve al punto que todos también deseamos.
Juan TOMÁS FRUTOS.
lunes, 11 de enero de 2010
La magia comunicativa
Podemos contemplar hoy nuestra disertación y los conceptos que aparecen en ella con ojos de niño/a. Así, digamos que la comunicación es una maravilla, y lo es por sorprendente, por aleccionadora, por ser buscadora de puntos de encuentro. Recordemos que cada día esbozamos una permanente mirada hacia ese lugar donde aprendemos todo de todos. Somos en la presencia más estimada, que nos endulza la comunicación con la que hemos de crecer física y espiritualmente. Nos convencemos de la necesidad del otro en lo objetivo y en lo subjetivo también. Estamos en ese tono que nos refuerza las jornadas con un aprendizaje que ha fomentar lo común como base de un sistema que nos presta lo que es de todos y a todos ha de repercutir.
Defendamos el derecho a tener conocimiento de lo que ocurre, de lo que es, de lo que oferta un sentido con formas de presencias estimables. Hemos sugerido que podemos estar bien, y ahora toca conformar las realidades más profundas, que nos gustan. Nos adentramos en el aprendizaje que nos regalan los demás con un entusiasmo que siempre ayuda y que contribuye, igualmente, a que estemos en ese tono que seguramente soñamos. Hemos advertido posibilidades, que tenemos, que añoramos, que nos hacen florecer con registros más que dignos.
El frío no ha de detener los pasos con los que caminamos un día sí y otro también. Los números han de servir de experiencia para otorgarnos el beneficio sin dudas. Las conversaciones nos han de llevar por caminos de sabiduría, por estampas de crecimiento sin vacilaciones altivas o despegadas de la realidad en la que creemos. Tomemos la senda de las emociones atemperadas, desde el equilibrio mismo, con la serenidad que nos envía hacia el instante más señero.
Las comunicaciones han de ser buenas defensas de los derechos, de las querencias, de las solidaridades y entregas de unos y otros. No permanezcamos en deseos sin fortunas. Pongamos toda la fuerza, todo el empeño, todas las posibilidades en un cierto momento de preferencias sin determinaciones extrañas. Seguro que la serenidad y el tesón nos permitirán acercarnos al punto más loable. Debemos estar convencidos de ello.
El paisaje que iremos hallando será el más hermoso del universo. Hemos gestado, hasta ahora, ocupaciones, y lo que reclamamos es especialidad para sugerir mejoras que nos engrandezcan con paños afortunados desde el diálogo, la charla y el impulso de la relación y la conversación. Circulemos, pues, la información con un ansia que nos ha de regalar la voluntad que largamente hemos adormecido. Escribamos para relatar lo que experimentamos en esta nueva fase de creencias en la que hemos entrado.
Cantemos en las flamantes narraciones que estamos diseñando con las salvaguardas de que los posibles beneficios no sean individuales sino colectivos. La mejor defensa que podemos hacer es la de la comunicación, que brinda espacios, tiempos, serenidades, conocimientos, intelectualidades, movimientos de cariños densos, toda una maravilla que puede crecer en el espacio real tanto como en los sueños. Adelante. Nos aguarda un mundo mágico lleno de impactos “ilusionantes” con los que hemos de incrementar nuestras dosis de Humanidad. El corazón y la mente han de unirse en los procesos comunicativos. Tengámoslo presente.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Defendamos el derecho a tener conocimiento de lo que ocurre, de lo que es, de lo que oferta un sentido con formas de presencias estimables. Hemos sugerido que podemos estar bien, y ahora toca conformar las realidades más profundas, que nos gustan. Nos adentramos en el aprendizaje que nos regalan los demás con un entusiasmo que siempre ayuda y que contribuye, igualmente, a que estemos en ese tono que seguramente soñamos. Hemos advertido posibilidades, que tenemos, que añoramos, que nos hacen florecer con registros más que dignos.
El frío no ha de detener los pasos con los que caminamos un día sí y otro también. Los números han de servir de experiencia para otorgarnos el beneficio sin dudas. Las conversaciones nos han de llevar por caminos de sabiduría, por estampas de crecimiento sin vacilaciones altivas o despegadas de la realidad en la que creemos. Tomemos la senda de las emociones atemperadas, desde el equilibrio mismo, con la serenidad que nos envía hacia el instante más señero.
Las comunicaciones han de ser buenas defensas de los derechos, de las querencias, de las solidaridades y entregas de unos y otros. No permanezcamos en deseos sin fortunas. Pongamos toda la fuerza, todo el empeño, todas las posibilidades en un cierto momento de preferencias sin determinaciones extrañas. Seguro que la serenidad y el tesón nos permitirán acercarnos al punto más loable. Debemos estar convencidos de ello.
El paisaje que iremos hallando será el más hermoso del universo. Hemos gestado, hasta ahora, ocupaciones, y lo que reclamamos es especialidad para sugerir mejoras que nos engrandezcan con paños afortunados desde el diálogo, la charla y el impulso de la relación y la conversación. Circulemos, pues, la información con un ansia que nos ha de regalar la voluntad que largamente hemos adormecido. Escribamos para relatar lo que experimentamos en esta nueva fase de creencias en la que hemos entrado.
Cantemos en las flamantes narraciones que estamos diseñando con las salvaguardas de que los posibles beneficios no sean individuales sino colectivos. La mejor defensa que podemos hacer es la de la comunicación, que brinda espacios, tiempos, serenidades, conocimientos, intelectualidades, movimientos de cariños densos, toda una maravilla que puede crecer en el espacio real tanto como en los sueños. Adelante. Nos aguarda un mundo mágico lleno de impactos “ilusionantes” con los que hemos de incrementar nuestras dosis de Humanidad. El corazón y la mente han de unirse en los procesos comunicativos. Tengámoslo presente.
Juan TOMÁS FRUTOS.
sábado, 9 de enero de 2010
Es el tiempo de hablar
La etapa ha surgido. Hemos esperado mucho, pero ya podemos indicar que ha comenzado la era largamente defendida. Ha llegado la hora de conversar, de comentar lo que pensamos, lo que meditamos, lo que sentimos. Me lo planteo en este momento. Podía haber sido hace unos minutos, o ayer, o hace días. Surge, no obstante, ahora la motivación, el deseo, el instante apasionado para apadrinar las caricias de una buena comunicación, que nos ha de abrigar con un manto de cosechas innombrables. Tengo el placer de decir que ha llegado la hora de comentar lo que pienso, de trasladar inquietudes, de mostrar la palabra en libertad, y con esa libertad encontrar mi propia independencia. Tras la quietud viene el movimiento, que hoy, aquí, ahora, nos suena a lo soñado con paños calientes que no abrasan sino que dan impulso.
Nos expresamos amores, nos insistimos con certezas, nos incluimos entre ilusiones que se convierten en pura jovialidad. Nos tenemos, y, en este momento, lo subrayamos con paciencia y celeridad para no mirar atrás, para adelantar los pasos con la tranquilidad que durante tanto tiempo hemos necesitado. Nos complace decir, decirme, que la hora de comunicar suena, que la alarma para no dejar que transcurra un segundo más ha sonado, y me siento feliz del anuncio y de las consecuencias que nos traerá. Serán buenas.
Pugnamos por las negociaciones, por relacionarnos desde el silencio, desde la palabra, desde la cercanía que supone el ponernos en el brete mayúsculo de comunicar sin parar en el intento, que ha de ser querido, estimado, sencillo, más que solícito.
La vida ha de ser la búsqueda de oportunidades, sin que caigamos en la obsesión en todo ese proceso, que ha de gustar de todo lo mejor que podamos. No nos paremos. El objetivo ha de ser el mirar hacia ese lado del proceso que nunca ha de detenerse en dudas, sino mostrarse con todo el amor del universo para crecer como personas.
Juntemos las piezas del porvenir y tratemos que encajen sin dejar nada ni nadie fuera. Si acaso, pongamos a un lado los prejuicios, los deseos de ser únicos o los primeros. La existencia es demasiado corta para hacerla compleja. La sencillez nos abarata la gestión en los casos de desaciertos, pues nos permite volver al punto de origen con premura y sin perder minutos preciosos y preciados. Hemos de gustar de las mieles del acuerdo, como solemos repetir.
El consejo, por decirlo de alguna manera, es aprovechar lo que ocurre, no meternos en el caos, e intentar socorrernos ante los desbarajustes y desavenencias que puedan acontecer. Hemos de ser sabios y optimizar los limitados recursos. No permitamos la pérdida de esas horas que necesitamos para ser felices. Es el momento, es la hora, debemos comunicar. Todo ha de ser objeto de atención en ese proceso comunicativo: hablamos de sentimientos, de hechos, de ideas, de actuaciones, de querencias, de presentimientos, de intenciones, de idas y de vueltas, de consecuciones de esas obras que han de estar donde deben y como deben. Unamos las manos, pues, y, al tiempo, las voces. Es la hora de comentar, de hablar, de dialogar, como señalo, la hora de comunicar. Es el momento de que marquemos con señales de vocablos todo lo que queremos y necesitamos decir. Es nuestro tiempo, esa etapa en la que hablaremos de todo y de nada.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Nos expresamos amores, nos insistimos con certezas, nos incluimos entre ilusiones que se convierten en pura jovialidad. Nos tenemos, y, en este momento, lo subrayamos con paciencia y celeridad para no mirar atrás, para adelantar los pasos con la tranquilidad que durante tanto tiempo hemos necesitado. Nos complace decir, decirme, que la hora de comunicar suena, que la alarma para no dejar que transcurra un segundo más ha sonado, y me siento feliz del anuncio y de las consecuencias que nos traerá. Serán buenas.
Pugnamos por las negociaciones, por relacionarnos desde el silencio, desde la palabra, desde la cercanía que supone el ponernos en el brete mayúsculo de comunicar sin parar en el intento, que ha de ser querido, estimado, sencillo, más que solícito.
La vida ha de ser la búsqueda de oportunidades, sin que caigamos en la obsesión en todo ese proceso, que ha de gustar de todo lo mejor que podamos. No nos paremos. El objetivo ha de ser el mirar hacia ese lado del proceso que nunca ha de detenerse en dudas, sino mostrarse con todo el amor del universo para crecer como personas.
Juntemos las piezas del porvenir y tratemos que encajen sin dejar nada ni nadie fuera. Si acaso, pongamos a un lado los prejuicios, los deseos de ser únicos o los primeros. La existencia es demasiado corta para hacerla compleja. La sencillez nos abarata la gestión en los casos de desaciertos, pues nos permite volver al punto de origen con premura y sin perder minutos preciosos y preciados. Hemos de gustar de las mieles del acuerdo, como solemos repetir.
El consejo, por decirlo de alguna manera, es aprovechar lo que ocurre, no meternos en el caos, e intentar socorrernos ante los desbarajustes y desavenencias que puedan acontecer. Hemos de ser sabios y optimizar los limitados recursos. No permitamos la pérdida de esas horas que necesitamos para ser felices. Es el momento, es la hora, debemos comunicar. Todo ha de ser objeto de atención en ese proceso comunicativo: hablamos de sentimientos, de hechos, de ideas, de actuaciones, de querencias, de presentimientos, de intenciones, de idas y de vueltas, de consecuciones de esas obras que han de estar donde deben y como deben. Unamos las manos, pues, y, al tiempo, las voces. Es la hora de comentar, de hablar, de dialogar, como señalo, la hora de comunicar. Es el momento de que marquemos con señales de vocablos todo lo que queremos y necesitamos decir. Es nuestro tiempo, esa etapa en la que hablaremos de todo y de nada.
Juan TOMÁS FRUTOS.
viernes, 8 de enero de 2010
Los resultados comunicativos como garantía
El proceso comunicativo es un todo que, como tal, ha de comprenderse e interpretarse. Toda causa tiene un efecto: éste es un principio básico que se da en cada actividad, lo veamos o no. No hay que buscar con exclusividad o vehemencia los resultados a las opiniones y a los actos. Han de llegar por sí solos, o a través de ellos mismos, que sería una mejor manera de expresarlo. Lo relevante es que los veamos. La vida es eso, entre otras cosas: causas y efectos, y puede que luego, en ese ciclo, vuelta a empezar.
Lo importante, como diría el pintor Picasso, es que estemos preparados para la inspiración, esto es, para aquello que nos puede hacer progresar, evolucionar o entender en una determinada dirección en un momento en concreto. En ese entreacto, nos hemos de preparar para saber utilizar todo el equipaje, la experiencia, lo que nos traen las mieles existenciales, que no siempre aprehendemos.
Hemos pensado muchas veces en la importancia de saber escuchar, y, por supuesto, en paralelo, el que seamos también capaces de entender. Se advierte esto de manera evidente cuando nos enfrentamos a otros idiomas. Podemos escuchar, y manifestar esa habilidad, pero no siempre, o pocas veces, comprendemos lo que se nos dice en lenguas diversas a la que manejamos como materna.
Por ello, insistimos, debemos estar aprendiendo cada día, para que los códigos de las diversas lenguas y dialectos, tanto en lo lingüístico, como en otras áreas como la ciencia, la cultura, la economía, etc., no nos sean ajenos y los podamos aprovechar. El tiempo, en ese sentido, ha de ser optimizado, pues, de contrario, pasarán las ocasiones sin que las veamos, o, aún viéndolas, sin que les saquemos el suficiente partido.
La vida está llena de iniciativas, de actuaciones, de regresos a etapas que supuestamente se fueron, y de entendimientos que hemos de ir dulcificando y enriqueciendo en la medida que podamos. No cejemos en el empeño de entender lo que sucede, lo que nos ocurre, lo que nos brindan otros protagonistas, pues todo nos invita a seguir la carrera del aprendizaje. Montemos guardia cada vez que podamos, con serenidad y apostando por raíces profundas, tranquilas y sin prisas.
No olvidemos tampoco que una de las virtualidades, una de las cosas buenas de la comunicación, sin la cual no habría tal proceso, es el “feed-back”, la retroalimentación, la retro-información, la vuelta una y otra vez en todo ese intercambio de pareceres y/o de hechos. Sin resultados no podemos decir que se ha producido la comunicación, aunque el resultado sea la negación de lo que nos quieren relatar. No permitamos que el frío se entienda en lo que ha de ser un proceso templado, cálido, memorable.
Los efectos de la comunicación, por lo tanto, son los que garantizan que la misma ha tenido lugar. Son los últimos eslabones, que se convierten, casi en importancia, en los primeros. Las huellas de haber pasado por un proceso comunicativo son los resultados de haberlo desarrollado. Otros vendrán de testigos y con su testimonio con esas pruebas que llamamos efectos. Es, pues, necesario, se diga lo que se diga, que se cultiven, que se valoren, que se contrasten, que se compartan, que se expresen, que se extiendan, y así daremos más crédito a lo que es un baluarte básico en toda sociedad democrática: la comunicación. El origen, la causa, así como las incidencias, finalidades y resultados de lo que hacemos conforman una misma realidad, y en completo debemos contemplarla. Tengamos presente que, al mismo tiempo, es una garantía de su propia existencia.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Lo importante, como diría el pintor Picasso, es que estemos preparados para la inspiración, esto es, para aquello que nos puede hacer progresar, evolucionar o entender en una determinada dirección en un momento en concreto. En ese entreacto, nos hemos de preparar para saber utilizar todo el equipaje, la experiencia, lo que nos traen las mieles existenciales, que no siempre aprehendemos.
Hemos pensado muchas veces en la importancia de saber escuchar, y, por supuesto, en paralelo, el que seamos también capaces de entender. Se advierte esto de manera evidente cuando nos enfrentamos a otros idiomas. Podemos escuchar, y manifestar esa habilidad, pero no siempre, o pocas veces, comprendemos lo que se nos dice en lenguas diversas a la que manejamos como materna.
Por ello, insistimos, debemos estar aprendiendo cada día, para que los códigos de las diversas lenguas y dialectos, tanto en lo lingüístico, como en otras áreas como la ciencia, la cultura, la economía, etc., no nos sean ajenos y los podamos aprovechar. El tiempo, en ese sentido, ha de ser optimizado, pues, de contrario, pasarán las ocasiones sin que las veamos, o, aún viéndolas, sin que les saquemos el suficiente partido.
La vida está llena de iniciativas, de actuaciones, de regresos a etapas que supuestamente se fueron, y de entendimientos que hemos de ir dulcificando y enriqueciendo en la medida que podamos. No cejemos en el empeño de entender lo que sucede, lo que nos ocurre, lo que nos brindan otros protagonistas, pues todo nos invita a seguir la carrera del aprendizaje. Montemos guardia cada vez que podamos, con serenidad y apostando por raíces profundas, tranquilas y sin prisas.
No olvidemos tampoco que una de las virtualidades, una de las cosas buenas de la comunicación, sin la cual no habría tal proceso, es el “feed-back”, la retroalimentación, la retro-información, la vuelta una y otra vez en todo ese intercambio de pareceres y/o de hechos. Sin resultados no podemos decir que se ha producido la comunicación, aunque el resultado sea la negación de lo que nos quieren relatar. No permitamos que el frío se entienda en lo que ha de ser un proceso templado, cálido, memorable.
Los efectos de la comunicación, por lo tanto, son los que garantizan que la misma ha tenido lugar. Son los últimos eslabones, que se convierten, casi en importancia, en los primeros. Las huellas de haber pasado por un proceso comunicativo son los resultados de haberlo desarrollado. Otros vendrán de testigos y con su testimonio con esas pruebas que llamamos efectos. Es, pues, necesario, se diga lo que se diga, que se cultiven, que se valoren, que se contrasten, que se compartan, que se expresen, que se extiendan, y así daremos más crédito a lo que es un baluarte básico en toda sociedad democrática: la comunicación. El origen, la causa, así como las incidencias, finalidades y resultados de lo que hacemos conforman una misma realidad, y en completo debemos contemplarla. Tengamos presente que, al mismo tiempo, es una garantía de su propia existencia.
Juan TOMÁS FRUTOS.
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