sábado, 6 de marzo de 2010

Decorado y fondo comunicativo

Cuidemos de los procedimientos, de los protocolos, de las formas, casi a la par de las interioridades. No hablemos de secretos, sino de actitudes que constaten la realidad presente y futura. Encaucemos los desarrollos. Se hace camino al andar. Busquemos las razones para las situaciones de soledades, de carencias, de penurias, de actitudes sin resultados. Las estrategias han de comer el terreno a lo que sucede con planteamientos de dejadez o de permitir estar sin dar con las treguas, alternativas y soluciones precisas, convenientes, singulares. Demos con lo que ocurre con coraje, con suficiencia pura. Podemos si el propósito es concluyente.
Trabajemos la autoestima con una cantidad de anhelos que hemos de colocar sucesivamente. Hagamos lo que podamos para sentirnos bien. Hemos de ubicarnos en ese lado que nos permita bregar en la misma dirección. El viento no ha de llevarnos: nosotros hemos de dirigir la nave. No saltemos por encima de obstáculos que hemos de necesitar. Juguemos con gusto, con implementos de periodicidad primera y última. No vayamos detrás de los acontecimientos. Hemos de prevenir.
No choquemos cada día. Para que todo vaya bien hemos de despertarnos. No hagamos que las cosas miren para otro sitio sin que demos con las soluciones al castillo de incógnitas que construimos con las iniciativas y las omisiones cotidianas. Hemos de pedir los datos que precisamos para una dicha sin intentos vacíos. Hemos de arreglar algunos momentos. Enterremos lo negativo.
Reformemos el decorado que nos ha de ilustrar con unas peticiones sin seguridades que provoquen reiteraciones de lo que ha de generar sentido. Las voluntades nos definen en función de lo que dejamos. Pensamos. Las cargas nos llevan hasta el fondo de cuestiones que nos han de insistir con raíces de palabras huecas. Vayamos con creencias que sostengan las pruebas de una vida formada. No intentemos ganar, sino ser.
Hallemos modos para servir de testigos de cuanto nos rodea. Nos hemos de preferir con unas posturas un poco más coherentes. No tomemos las sombras como referentes. Suspiremos al unísono. No olvidemos los errores y equívocos, que han de ser útiles para que estructuremos la realidad que nos envuelve con minutos de pasión y céntricas actuaciones de términos corregibles. Nos diremos la verdad. Las demoras no sirven.
Interpretemos lo mejor que podamos. Vivamos con firmeza lo que es olvido en el presente. No hagamos que las cosas sean problemáticas. Seamos testigos de nuestro tiempo. No dejemos que la noche avance sin que optimicemos las preferencias y las opciones, que han de ser de todos. Nos soltaremos de cuanto nos lastra. Hemos de ver observando en el interior, en el origen, en el espíritu. Pensemos en dar con los trances que contribuyen a la razón de ser que ha de tocar la perfección. La magia de la sencillez y de la claridad ha de apuntar en el presente y con visión futura. Equilibremos el andar comunicativo. Hagamos caso a la mente y al corazón casi a partes iguales. Estemos de acuerdo, todo lo que podamos. Miremos bien tanto el decorado como el fondo de la comunicación. Aportan ambos mucho.

Juan TOMÁS FRUTOS.

viernes, 5 de marzo de 2010

El sentido de comunicar

Hay un gran sentido en todo movimiento que nos conduce por los caminos de la comunicación, con los que aprendemos extraordinariamente. Es momento de hacer una reflexión más, añadida ella, sin duda, a los procesos en los que nos vemos involucrados. Simplificamos la noche. No la hagamos complicada. Vivamos las primeras horas e intentemos dormir las siguientes. Necesitamos afrontar el nuevo día comunicativo con ansias redobladas. Nos hemos de aconsejar con unas virtudes de nobles facturas que llegarán con resortes poderosos. Seremos en esa destreza que interpretaremos como nueva, y continuaremos con aprendizajes múltiples. No distraigamos la mente, que ha de estar preclara para todo lo que debe hacer.

Asintamos ante el destino que hemos de procurar universal. Nos hemos de sincerar para contar y demostrar que somos capaces. Lo somos. Hemos cantado a distracciones que nos proponen quedar en el otro lado de la existencia, que nos ha de apaciguar en las grandes cuestiones, y puede que en las pequeñas también.

Aseguremos el destino con el mejor de los universales, que nos deben ayudar a crecer sin cercenar lo que hemos de realizar con altura de miras. No pidamos paso en otro tiempo. Quedemos en las horas de una amistad profunda, sinuosa, quebrada en la noche que nos propondrá asunciones de peligros no conformados con excusas vacías.

Acudamos a ver la reciprocidad de quienes nos miran viendo lo que puede tener algo de sentido. Lo tendrá en cuanto nos digamos de qué forma seremos capaces de amar. Los litigios han de quedarse en el otro frente, sin contemplaciones en silencio que nos detengan respecto de lo que hemos de llevar a cabo. Nos hemos de mostrar con una cautela de movimientos eternos.

Nos asustamos de vez en cuando. Es normal. No hemos adecuado el contexto a la realidad que nos dispone. Nos hemos puesto en ese sitio que nos define con lo que no obra en nuestro corazón, que debería albergar claves y grandilocuentes esperanzas. Nos hemos visitado con buen humor. Iremos a ver lo que no sucede por ese mundo que es fruto del azar. Hemos agotado todos los empeños. Nos hemos puesto a morar en lugares demasiado ignotos. La comunicación nos salvará de ellos, y puede que también de nosotros.

Nos abocamos a un encuentro que ha de limar las asperezas. No pongamos en clave de comienzo lo que ha de ser litigio permanente. Nos sentimos parte de un honor que nos sabe a dibujos nuevos. La existencia nos regala aspectos que hemos de saber descifrar antes de que se pierdan, de que se vayan, de que no sean. Contemplemos los corazones. Siguen ahí. Procuremos remover los obstáculos y ser felices con lo poco o lo mucho que tenemos. Es cuestión de algo más que intentarlo. El sentido de comunicar aguarda a que se lo demos, precisamente, sin pararnos en fondos o entornos que únicamente envuelven la esencia.

Juan TOMÁS FRUTOS.

jueves, 4 de marzo de 2010

Gozos comunicativos

Disfrutemos de lo que hacemos, de cómo lo hacemos, insistiendo en las trayectorias anteriores y en las que hemos de realizar. Persigamos las improntas que nos añaden consecuencias desde efectos previstos. Las tendencias han de girar. Incidimos en complejas novedades que se quedan en parte de unos sueños que nos valieron para seguir como si nada hubiera ocurrido. El valor se nos supone con un poco de sensatez, que nos llevará donde sea necesario. Seremos y estaremos en un estadio de adicciones destacadas que hemos de mover hacia el sitio más necesitado de esperanza. Todos la precisamos.

Viajemos con el corto planteamiento de anegar los corazones de caricias, de buenas intenciones, de gozos entre luces que se alejarán de los pasatiempos menos defendibles. Hagamos caso a lo que pensamos, a lo que nos suscita un pasatiempo creíble. Debemos hacernos todo el caso y más. Los frutos serán hermosos.

Suspiramos por aquellas tendencias con las que hemos de dibujar una tendencia que nos sonreirá cuando nada se vea como fue. Hemos enseñado los labios para besar lo imaginario, que nos colectiviza. Hemos suplicado mudanzas hacia el instante que podemos considerar más apasionado. Vayamos para decir que podemos. Nos sentaremos con las bases de una gran eternidad. Sabemos de lo que hablamos. Siempre es de este modo.

Los sellos de los buenos instantes nos presentan los pesebres más noctámbulos con gratitudes de paciencias que repiten lo que fue. No hemos dado con las noticias que tanto nos gustaron, pero, una vez fomentadas, llegarán con sus pies y sus nuevas plantas. Suspiremos por los amores de antaño, que nos han de agasajar con virtudes singulares. Estemos todo lo bien que podamos, que seguro que redundará en nuestros convecinos.

Nos gusta el verde que nos riega con su fe en lo que fuimos y en lo que volveremos a ser. Las astucias nos refuerzan algunos intereses. Los porcentajes no nos valen en sí, en solitario, sin más contextos que las meras palabras. Vayamos más allá. Nos espera la valentía, el coraje, y los buenos anhelos.

Las repeticiones de los años primeros nos ultiman detalles con los que aumentar esa comunicación que tanta falta nos hace. Hemos empeñado lo que ahora precisamos. Regresemos a los pasos, a los buenos, a los que nos darán la base para subir la cuesta de la misma vida, hoy más sentida y “direccionada” gracias a las divinidades que nos rodean con sus brazos de amor. Contemos una y otra vez hasta el final. Estemos ahí. Nos debemos enterar de lo que ocurre para narrarlo a quienes conforman la realidad que nos define como seres sociales. Sorteemos los obstáculos y avancemos sin dejar de mirar hacia delante. El poderío ha de ser anónimo.

Juan TOMÁS FRUTOS.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Espíritus de la comunicación

Si fuéramos capaces de interpretar lo que nos rodea, seguramente estaríamos mucho mejor. Predecimos los resultados de los esfuerzos en positivo, que lo son, que dan resoluciones, que nos regalan resultados nobles. Recitamos los versos que mejor sabemos, y nos quedamos con la blancura de cuando la candidez de niños nos aportaba casi todo. Nos planteamos los momentos de eterna vuelta con resortes que nos eliminan las ganas de acudir a los sitios más bellos, que se mantienen de algún modo en el recuerdo. Paseamos por los blandos espacios en los que nos cobijamos con toda suerte de apetencias. Hemos sido con la grandeza de unos espíritus jóvenes. Nos tomamos un cierto respiro. Señalamos los anhelos de estar en paz y bien.

Somos sensatos en las agonías de unos espacios que nos han de distraer con las avaricias sin saco. Paseamos por los lugares de aflicciones de toda estirpe y condición. No paramos ahora que todo se muestra con una complejidad excesiva. Hemos de aprender hasta de lo que no tenemos. Puede que necesitemos más en este supuesto. Hemos avisado de unos instantes que se nos fueron entre los dedos. El tiempo es así, por mucho que pensemos, aunque no nos demos cuenta. Las querencias son las que son.

Los corsarios de las etapas que tanto amamos nos aconsejan con fluctuaciones que se hacen periódicas. No hemos asimilado los cansancios que otros nos regalan a fuerza de silencios que no son rentables, como repetimos. La sensatez no desgrana los pensamientos, que se ligan a posturas de cierta intransigencia. No volveremos sobre los pasos de otros. Nos hemos destapado con unas consultas que nos insisten con una cierta debilidad, que nos traspasa las astucias de otros momentos. Presentimos muchos.

Las consideraciones se quedan un poco en soledad cuando se trata de defender actitudes que no siempre fingieron. Las presencias se vuelven un poco transparentes y no acertamos a caracterizar lo que podría ser un paso firme hacia la negación de algunas carencias. Hemos dispuesto demasiado en escaso tiempo, un tiempo que hoy nos devora con sus formas cambiantes. Nos postulamos como elementos de una naturaleza que se plantea como hostil. No te iré a decir lo que será. La carencia nos acerca con sus tronos oscilantes. Pidamos por la nada, por la misma ausencia.

Entretanto, encartamos las voluntades que nos recalcan sus insistentes dichas, que prefieren seguir hacia el lado que no vemos antes que reforzar los pasos que otros otorgan. No hemos reclamado nada. Los cambios nos ofrecen señales sin humos. Los símbolos son y serán lo que deban ser, lo que puedan ser, si los dotamos de contenido comunicativo. Persigamos los momentos más entrañables a través de los espíritus de la comunicación, que están en todas partes. Hay que detectarlos.

Juan TOMÁS FRUTOS.

martes, 2 de marzo de 2010

Nos familiarizamos

Sintonizamos ese amor que anda buscando lo que tiene sentido. Nos familiarizamos.

Gratitud y caricias comunicativas

Cuando trasladamos información y opiniones hemos de preferir la gratitud, la bondad y las caricias en el lenguaje, ya sea éste verbal o gestual. El consejo es que persigamos la coherencia y la congruencia en todos los procesos de comunicación que sustentamos. Hagamos reflexiones que nos lleven a ello. Comentemos, pues, una forma de ser que sea en la distancia corta, en la que aprenderemos los unos de los otros. Nos autorizamos cada día a valorar con una regla que nos distingue con esos pasatiempos que eliminan las gratitudes con las que fuimos, con las que nos unimos a un ser desconocido de apariencias singulares. Simplificamos los esfuerzos con los guiños a una era que nos previene de quedarnos solos. No influyamos en lo que no advertimos.

Seamos congruentes con las amistades que nos distraen con una pizca de buen humor. Hemos sentado la cabeza con un algo de simpleza, con todo lo que muestra excelencias que contar, que lo narraremos con un empeño de apariencias totales. Hablemos de ser, de disponer, de distraernos con lo que nos brinda una posición de aprendizaje integral, casi completo.

En lo personal, podemos decir lo que sentimos, y sentirnos bien mientras nos ponemos en esa guardia que escucha y atiende con planteamientos de gozos eternos, de prueba, hechos para confeccionar otro mundo menos bueno. Actuemos con un poco de voluntad, con la que nos aproximaremos a lo que ha de ser un lindo atuendo con el que vestir lo que somos. No vamos a fracasar a la hora de demostrar lo que ha sido bueno en este universo de peticiones sensatas.

Suponemos el todo que nos dispone con buenas caricias. Nos añadimos con una destreza que nos propone estar en ese grado que asume los pesados elementos que nos desplazan al lado que pesa en exceso. Seamos con una carga diferente. Las etapas se suceden con una premura que nos divierte lo justo. No somos capaces, con nuestro talento, de sacar partido a lo que nos regala el destino, que hemos de descifrar con mucha comunicación. Esperemos que no falte de nada.

Así, ahora, quiero contarte el sí con ese momento de cómplice mirada que nos aclara todo cuanto queremos llevar a cabo. Lo sabremos realizar pero no en soledad. Supongamos otras cosas diferentes. Hemos escuchado los litigios de esos espíritus que han buscado lo que nunca ha aparecido, y, cuando lo ha hecho, las interferencias se han mostrado inflexibles. Digamos que el milagro puede ser.

Hemos de divertirnos. Las apetencias nos han de ayudar con unas normas que nos han de poner en ese brete maravilloso que todo lo destaca. Hemos sugerido pláticas con resoluciones a los conflictos interiores. La cábala y la comunicación no siempre señalan hacia el mismo sitio. Prefiramos la segunda, por racional, por generosa, porque se aproxima a la verdad. Ser coherentes equivale a tener futuro y dicha, dos elementos para considerar que las cosas que hacemos valen la pena. La sencillez medida y calmada nos ha de ayudar a vivir y a comunicar en todo cuanto nos envuelve. La idea es ir y no que nos lleven.

Juan TOMÁS FRUTOS.

lunes, 1 de marzo de 2010

Alcanzar la comunicación plena

Progresemos con la voluntad comunicativa de un cariño sincero, que nos ha de programar las astucias y el talento. Saquemos todo el beneficio que podamos de los recursos comunicativos que tenemos. Contemplamos y vigilamos los resultados de todo cuanto hacemos en estos días, que nos han de preñar de buenas esperanzas hacia ese universo de sentimientos y de convencidos conocimientos que hemos de hacer aflorar hasta que alcancemos los niveles más predilectos. Nos hemos de apuntar con refuerzos cargados de muchos ánimos. Hemos de inquietar los números que nos divierten. No sentemos las bases de universos alejados por los trámites menos visibles. Hagamos caso a lo que sucede con intenciones reiteradas. Las causas nos conducirán por extraordinarios efectos.

Tengo que decir que nos hablamos con reglas de oro y con prisas que nos han de presentar como esos elementos más que intencionados, y convertidos igualmente en auténticos baluartes de lo que es sentido y gran humor a precio de cautividad y de descollantes palabras de ilusión y de ánimo. Aprendamos a experimentar cada día con el universo más destacado.

Platiquemos con los buenos fines de alcanzar un ideario sin recaídas. Abundemos en lo que parece tener un cierto afán sin protagonismos de ningún género. Vayamos tan lejos como podamos. Aseveremos los pasos que nos han de incluir en los instantes de presencias y de querencias nuevas. Vayamos donde sea menester y con los fundidos anhelos de creencias en lo ideal. Lo abstracto ha de dar paso a lo más sincero.

Hemos de fugarnos de los malos pensamientos y meternos en esa nueva situación que nos ha de servir para un aprendizaje multidisciplinar, sumidos en la destreza compartida, consentida igualmente. Razonemos utilizando los espíritus de aquellos que han estado en los mismos trances antes que nosotros y que han utilizado la mesura como base relacional. Seamos sensatos dando y otorgando todos los beneficios que podamos.

No nos asustemos. El mundo está repleto de oportunidades que han de ser utilizadas desde la consideración más noble. Vayamos a ver lo que es. La existencia nos ha de confortar con las valentías más sanas. Huyamos de apariencias y optimicemos los muchos o pocos recursos que tengamos. Hemos de formular preguntas, que seguro que tendrán respuestas. Tratemos de entenderlas. Tengamos fe en lo positivo, en lo que seremos capaces de hacer. Nos regalaremos mucha comunicación. El objetivo es que sea la máxima, lo más plena posible. No pasemos.

Juan TOMÁS FRUTOS.