Félix Rodríguez de la Fuente falleció hace 31 años, efeméride que se cumple este mes. Fue un mazazo, entonces, para toda la sociedad, especialmente para los amantes de la Naturaleza y de su flora y su fauna, y, cómo no, un golpe también para los niños, que veían en él un icono en lo humano, en su calidez, en su cercanía, en su honestidad y en su compromiso como buena persona y mejor profesional en un ámbito, el de la biología, desconocido para el gran público en esos albores de una lucha motivada por un nueva sensibilidad.
Félix, el amigo Félix, fue todo un símbolo para varias generaciones. Aunaba de una manera natural y hasta instintiva esos dones que hacen que alguien sea un comunicador nato: era pura sensibilidad (en la mejor y más excelente de las interpretaciones) y genuina cercanía. Pocos como él ha propiciado el medio televisivo, y menos aún en el específico terreno de los documentales sobre la Naturaleza, por ser capaz de mostrarnos una agradable sensación de formar parte de la familia, de conocerlo de toda la vida, de aproximarnos a su alma y a su intelecto, que tenía y mucho.
Se fue hace tres décadas una gran personalidad, dejando el camino abierto para todo un género televisivo que ha vivido momentos gloriosos en cuanto a audiencias, una situación que ahora, por desgracia, no se repite.
Ha transcurrido el tiempo como una exhalación desde que nos dejó un poco huérfanos. Los años discurren muy rápidamente. El legado es magnífico, pero aún lo puede ser más si somos capaces de seguir encendiendo la antorcha de su vocación y su entusiasmo por la vida y por todas sus formas de expresión en la Naturaleza. No lo olvidemos. De hacerlo, es olvidarnos un poco a nosotros mismos.
Juan TOMÁS FRUTOS.
miércoles, 16 de marzo de 2011
lunes, 14 de marzo de 2011
Contar y compartir
Dibujemos las expresiones más lindas con palabras que nos unan para siempre. Tenemos todo el derecho del mundo a ser felices, y hemos de intentarlo a través de los procesos de convergencia, de negociación, de relación diaria. Lo sencillo es la clave.
Nos debemos juntar con las pláticas que nos llevan a comprender los humos que alertan de estancias que pueden ser más o menos itinerantes. Nos hemos de querer mucho. Es la solución a la soledad. Hagamos caso al corazón. Apenas nos falla si lo miramos con honestidad y nobleza.
Situemos bien los hechos con sus oportunas interpretaciones. Busquemos los brillos de las experiencias, de los baremos que nos permiten aprender de todo lo vivido, compartiendo las ilusiones y los análisis respecto de lo que nos sucede a cada minuto.
Supongamos y juguemos a vivir el momento de una alegría suprema, que, cuando menos, se ha de perseguir de esa guisa. No dejemos en el tanteo lo que puede ser una amistad más que densa y profunda. No arriesguemos lo importante. Dediquemos el tiempo que sea menester.
Los elementos que nos imprimen ciertas garantías han de consolidar los valientes anhelos de una libertad que nos debe presentar bagajes estupendos. Podemos esperar el sí, que llegará, pero de lo que se trata es de mantenerlo con el sabor especial de la amistad, por la que merece la pena todo esfuerzo. Con ella hacemos más familia.
Si lo contamos incluso, si lo compartimos, mucho mejor.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Nos debemos juntar con las pláticas que nos llevan a comprender los humos que alertan de estancias que pueden ser más o menos itinerantes. Nos hemos de querer mucho. Es la solución a la soledad. Hagamos caso al corazón. Apenas nos falla si lo miramos con honestidad y nobleza.
Situemos bien los hechos con sus oportunas interpretaciones. Busquemos los brillos de las experiencias, de los baremos que nos permiten aprender de todo lo vivido, compartiendo las ilusiones y los análisis respecto de lo que nos sucede a cada minuto.
Supongamos y juguemos a vivir el momento de una alegría suprema, que, cuando menos, se ha de perseguir de esa guisa. No dejemos en el tanteo lo que puede ser una amistad más que densa y profunda. No arriesguemos lo importante. Dediquemos el tiempo que sea menester.
Los elementos que nos imprimen ciertas garantías han de consolidar los valientes anhelos de una libertad que nos debe presentar bagajes estupendos. Podemos esperar el sí, que llegará, pero de lo que se trata es de mantenerlo con el sabor especial de la amistad, por la que merece la pena todo esfuerzo. Con ella hacemos más familia.
Si lo contamos incluso, si lo compartimos, mucho mejor.
Juan TOMÁS FRUTOS.
sábado, 12 de marzo de 2011
Más con la comunicación
Las emociones nos sirven para acercarnos, así como las reflexiones constituyen referencias para que se produzcan verdaderas comunicaciones. Lo ideal es hallar un paso intermedio, una comunión de intereses en todos los planos.
Agudicemos el ingenio y seamos capaces de dar con las imágenes que nos marcan con impresiones complacientes en las que todos somos capaces de arbitrar respuestas a las eternas preguntas y de dar con conclusiones que nos impliquen en aprovechamientos de las experiencias diarias.
No consumamos el tiempo sin sacarle un tanto de partido. Partamos de compromisos que nos conduzcan hacia motivaciones que nos alegren los días, que nos los hagan más dulces, que nos reconozcan en sus impresiones más hermosas.
Subrayemos lo importante, las principales ideas, los sesgos más maravillosos e importemos los motivos que lo son realmente. No dejemos sin solventar las caricias de quienes nos quieren y de quienes maniobran de verdad con el consejo de aquellos que gustan con calladas que nunca serán aceptaciones absolutas. Los avisos nos han de servir para ser dichosos.
Brindemos flores con registros considerados. Nos hemos de abrir de par en par con el reflejo más consolidado. Seamos en el otro diario, con la amplia decisión de comprendernos, de sernos, de auparnos, de considerarnos desde todos los ángulos. Impliquemos lo más considerable para aprender desde la máxima felicidad. Lo es, lo debe ser. Con la comunicación más, en todos los sentidos. Avancemos.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Agudicemos el ingenio y seamos capaces de dar con las imágenes que nos marcan con impresiones complacientes en las que todos somos capaces de arbitrar respuestas a las eternas preguntas y de dar con conclusiones que nos impliquen en aprovechamientos de las experiencias diarias.
No consumamos el tiempo sin sacarle un tanto de partido. Partamos de compromisos que nos conduzcan hacia motivaciones que nos alegren los días, que nos los hagan más dulces, que nos reconozcan en sus impresiones más hermosas.
Subrayemos lo importante, las principales ideas, los sesgos más maravillosos e importemos los motivos que lo son realmente. No dejemos sin solventar las caricias de quienes nos quieren y de quienes maniobran de verdad con el consejo de aquellos que gustan con calladas que nunca serán aceptaciones absolutas. Los avisos nos han de servir para ser dichosos.
Brindemos flores con registros considerados. Nos hemos de abrir de par en par con el reflejo más consolidado. Seamos en el otro diario, con la amplia decisión de comprendernos, de sernos, de auparnos, de considerarnos desde todos los ángulos. Impliquemos lo más considerable para aprender desde la máxima felicidad. Lo es, lo debe ser. Con la comunicación más, en todos los sentidos. Avancemos.
Juan TOMÁS FRUTOS.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Ser felices con la comunicación
Vivamos la experiencia de la comunicación en grado sumo, al menos en su intento más completo. No renunciemos a aprender. Las virtudes de los procesos nos deben provenir de las compañías, buenas ellas (ése debe ser el pronóstico y el intento), con las que hemos de compartir el valor de la palabra, que existe y que es.
Nos hemos de sentar a la diestra de aquellas emociones que nos embarcan con variadas señales, que han de conseguir lo mejor de cada cual. La existencia es en todas sus variables y circunstancias.
Es posible el milagro del entendimiento desde la misión honesta y la plática. No dejemos que las cuestiones se queden en blanco o sin resolver, al menos que no sea sin un quehacer diáfano por nuestra parte.
Aseguremos los procedimientos que nos conducen por las esferas de resultados emergentes y edificantes. La paz y la justicia han de caminar de la mano, mirándose a la cara, sintiendo que las consecuencias más lógicas son las que derivan de la comprensión y del entusiasmo solidario.
Tengamos en cuenta al otro, empaticemos con él, experimentemos sus circunstancias como nuestras y separemos lo importante de cuanto no lo es. Vivamos la pulcritud de la memoria desde las buenas acciones, que nos hacen cada día mejores personas. Recordemos y efectuemos cuanto sea menester para ser felices y para conseguir que los demás también lo sean.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Nos hemos de sentar a la diestra de aquellas emociones que nos embarcan con variadas señales, que han de conseguir lo mejor de cada cual. La existencia es en todas sus variables y circunstancias.
Es posible el milagro del entendimiento desde la misión honesta y la plática. No dejemos que las cuestiones se queden en blanco o sin resolver, al menos que no sea sin un quehacer diáfano por nuestra parte.
Aseguremos los procedimientos que nos conducen por las esferas de resultados emergentes y edificantes. La paz y la justicia han de caminar de la mano, mirándose a la cara, sintiendo que las consecuencias más lógicas son las que derivan de la comprensión y del entusiasmo solidario.
Tengamos en cuenta al otro, empaticemos con él, experimentemos sus circunstancias como nuestras y separemos lo importante de cuanto no lo es. Vivamos la pulcritud de la memoria desde las buenas acciones, que nos hacen cada día mejores personas. Recordemos y efectuemos cuanto sea menester para ser felices y para conseguir que los demás también lo sean.
Juan TOMÁS FRUTOS.
martes, 8 de marzo de 2011
El margen de la comunicación
Busco una estrategia con la que mimar mi presente, con la que ser yo mismo en una ardua tarea que me lleva a consolidar lo mejor de cada día. Hemos servido de testigos entre voluntades que nos son. Sigamos la estela del mejor comportamiento, dando las claves del más optimo deseo, de un sentimiento de concordia y de pasión.
Hagamos caso al momento, a la etapa que nos vaya llenando y seamos con la sensatez de quienes creen en los instantes más apasionados. Nos hemos divertido, y más que debemos conocer de las caricias que nos vayan consolidando en un afán un poco más tierno. Seamos con serenidad para que la dicha se extienda hasta los confines conocidos y mucho más allá.
Arbitremos procesos que plasmen y concreten lo mejor de aquello que nos permite divisar una consolidada misión de plástica paz. Seamos con todas las de la ley, y separemos las causas que nos incluyen en ese menester que nos libera a través del conocimiento mismo. Nada queda atrás.
Vivamos con entusiasmo cada enriquecedor aprendizaje, que hemos de colocar en ese lado donde la virtud viene de compartir con los demás, de atesorar razones que ubicar en el mejor sitio, desde el cual aprender constantemente. Las conclusiones de cada semana han de permitir que germinen nuestras mejores apuestas. No dejemos atrás las cosas que son. Nos levantamos para tomar aquello que antes nos dio de todo.
Los aprendizajes nos deben conducir hasta ese instante de pura pasión que nos ha de alimentar con sus cruces de fines y con sus ideas de gratitud. Seamos compuestos y en apuestas de claridades que nos han de transportar donde sea necesario para dar con la finitud que nos ha de acoger en el margen de la esperanza, que siempre estará presente cuando confiemos en la comunicación. Ese trecho lo hemos de recorrer una y otra vez.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Hagamos caso al momento, a la etapa que nos vaya llenando y seamos con la sensatez de quienes creen en los instantes más apasionados. Nos hemos divertido, y más que debemos conocer de las caricias que nos vayan consolidando en un afán un poco más tierno. Seamos con serenidad para que la dicha se extienda hasta los confines conocidos y mucho más allá.
Arbitremos procesos que plasmen y concreten lo mejor de aquello que nos permite divisar una consolidada misión de plástica paz. Seamos con todas las de la ley, y separemos las causas que nos incluyen en ese menester que nos libera a través del conocimiento mismo. Nada queda atrás.
Vivamos con entusiasmo cada enriquecedor aprendizaje, que hemos de colocar en ese lado donde la virtud viene de compartir con los demás, de atesorar razones que ubicar en el mejor sitio, desde el cual aprender constantemente. Las conclusiones de cada semana han de permitir que germinen nuestras mejores apuestas. No dejemos atrás las cosas que son. Nos levantamos para tomar aquello que antes nos dio de todo.
Los aprendizajes nos deben conducir hasta ese instante de pura pasión que nos ha de alimentar con sus cruces de fines y con sus ideas de gratitud. Seamos compuestos y en apuestas de claridades que nos han de transportar donde sea necesario para dar con la finitud que nos ha de acoger en el margen de la esperanza, que siempre estará presente cuando confiemos en la comunicación. Ese trecho lo hemos de recorrer una y otra vez.
Juan TOMÁS FRUTOS.
viernes, 4 de marzo de 2011
Esperanza comunicativa
Prediquemos en ese carrusel que llamamos vida. No aceleremos. No nos quedemos atrás. La existencia nos ocasiones.
Situemos los campos de batalla lejos. No aprendamos de ellos. Ignoremos con paciencia hasta dar con las voluntades más lindas. Las grandezas nos consuelan con sus ratios más estupendas.
Situemos las preferencias donde todo será. La vida nos conduce con claridades que nos han de servir. Los complejos siguen con todo su amor. Hemos sido en ese ensayo que nos envuelven.
Sigamos en esa trayectoria que nos indica el momento clave, que hemos de utilizar. Los olvidos nos incluyen en un lugar de apaños solventes. Hemos sugerido el sí. Las personalidades nos deben servir sus mejores experiencias. Firmemos para estar.
Los procesos nos han de ocupar en las negociaciones, para aprender a ser nosotros mismos sin esperar inutilidades. Hemos supuesto que somos capaces siéndolo, demostrándolo, compartiendo las raíces y las solvencias de un problema que lo es. Hemos servido de testigos.
Nos hemos de preñar de buenos sentimientos, que hemos de extender hasta el infinito, que nos ha de complacer si miramos en positivo.
Nos debemos ganar con recortes a lo pésimo. Modifiquemos las actitudes hasta llegar al puro entusiasmo, que debe ser la guía. Somos cuando hay esperanza comunicativa.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Situemos los campos de batalla lejos. No aprendamos de ellos. Ignoremos con paciencia hasta dar con las voluntades más lindas. Las grandezas nos consuelan con sus ratios más estupendas.
Situemos las preferencias donde todo será. La vida nos conduce con claridades que nos han de servir. Los complejos siguen con todo su amor. Hemos sido en ese ensayo que nos envuelven.
Sigamos en esa trayectoria que nos indica el momento clave, que hemos de utilizar. Los olvidos nos incluyen en un lugar de apaños solventes. Hemos sugerido el sí. Las personalidades nos deben servir sus mejores experiencias. Firmemos para estar.
Los procesos nos han de ocupar en las negociaciones, para aprender a ser nosotros mismos sin esperar inutilidades. Hemos supuesto que somos capaces siéndolo, demostrándolo, compartiendo las raíces y las solvencias de un problema que lo es. Hemos servido de testigos.
Nos hemos de preñar de buenos sentimientos, que hemos de extender hasta el infinito, que nos ha de complacer si miramos en positivo.
Nos debemos ganar con recortes a lo pésimo. Modifiquemos las actitudes hasta llegar al puro entusiasmo, que debe ser la guía. Somos cuando hay esperanza comunicativa.
Juan TOMÁS FRUTOS.
miércoles, 2 de marzo de 2011
El sueño de Pierina
Pierina no canta: sólo duerme. Su cuerpo, cansado de luchar antes de tiempo, se muestra harto de esperas y esperanzas que no surten efectos oportunos. Ahora duerme: necesita descanso para lo que ha de venir.
No sabe que se va de viaje, aunque algo intuye. Por eso no canta: sólo duerme. Su rostro angelical nos lleva por veredas de infancias perdidas con los años, ya faltos de inocencias, rotas por luchas estériles y amasijos de controversias sin sentidos claros. Quizá también por eso duerme. A su corta edad no entienda nada, casi nada.
Hay demasiados barcos hundidos en su estrecho recorrido, y todo se ha colmatado.
Su madre la acoge en sus brazos como si el mundo se acabara, que se agota, sí, para siempre. Nada será igual tras ese sueño de Pierina. Ha luchado como pocos, pero no ha podido ser. Si los besos sanarán, oíamos el otro día en la Gala de los Goya, Pierina sería la más sana del mundo, y la más querida… Pero no la han sanado.
Cinco años en este planeta le han bastado para no saber por qué ocurren las injusticias, para no lograr comprender por qué la superficialidad inunda tantas indumentarias, quehaceres y actuaciones. Ella no tendrá tiempo de equivocarse. La ruta se ha mudado.
A su madre le queda un consuelo que no entiendo, pero que me sirve de ejemplo ante todo cuanto veo en este mundo competencial y extraño. Entretanto, Pierina duerme ajena a mis pensamientos, a ese mundo que se cae sin ella. Mientras duerme se apea del universo loco.
El planeta es un sitio maravilloso donde renunciamos a lo más sencillo generando, por desgracia, inútiles injusticias. Deberíamos aprender de la inocente Pierina, de sus dulces sueños de niña, de sus ventajas y pugnas por un mundo sin sorpresas y cargado de ideas solidarias y de amor, de mucho amor. Por desgracia no siempre es así.
Duerme nuestra Pierina. Nos duele el corto espacio que nos separa, que aún se estrecha más. Cuando ella se vaya, cuando no esté, cuando no sueñe, ¿quién nos despertará a nosotros? Ojalá ella no se fuera con esa duda. Ojalá no nos quedáramos con ese pesar.
Juan TOMÁS FRUTOS.
No sabe que se va de viaje, aunque algo intuye. Por eso no canta: sólo duerme. Su rostro angelical nos lleva por veredas de infancias perdidas con los años, ya faltos de inocencias, rotas por luchas estériles y amasijos de controversias sin sentidos claros. Quizá también por eso duerme. A su corta edad no entienda nada, casi nada.
Hay demasiados barcos hundidos en su estrecho recorrido, y todo se ha colmatado.
Su madre la acoge en sus brazos como si el mundo se acabara, que se agota, sí, para siempre. Nada será igual tras ese sueño de Pierina. Ha luchado como pocos, pero no ha podido ser. Si los besos sanarán, oíamos el otro día en la Gala de los Goya, Pierina sería la más sana del mundo, y la más querida… Pero no la han sanado.
Cinco años en este planeta le han bastado para no saber por qué ocurren las injusticias, para no lograr comprender por qué la superficialidad inunda tantas indumentarias, quehaceres y actuaciones. Ella no tendrá tiempo de equivocarse. La ruta se ha mudado.
A su madre le queda un consuelo que no entiendo, pero que me sirve de ejemplo ante todo cuanto veo en este mundo competencial y extraño. Entretanto, Pierina duerme ajena a mis pensamientos, a ese mundo que se cae sin ella. Mientras duerme se apea del universo loco.
El planeta es un sitio maravilloso donde renunciamos a lo más sencillo generando, por desgracia, inútiles injusticias. Deberíamos aprender de la inocente Pierina, de sus dulces sueños de niña, de sus ventajas y pugnas por un mundo sin sorpresas y cargado de ideas solidarias y de amor, de mucho amor. Por desgracia no siempre es así.
Duerme nuestra Pierina. Nos duele el corto espacio que nos separa, que aún se estrecha más. Cuando ella se vaya, cuando no esté, cuando no sueñe, ¿quién nos despertará a nosotros? Ojalá ella no se fuera con esa duda. Ojalá no nos quedáramos con ese pesar.
Juan TOMÁS FRUTOS.
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