Abramos los corazones. No neguemos la evidencia de los buenos resultados cuando partimos de sentimientos del mismo sesgo o planteamiento. Debemos creer: ayuda. Nos merecemos la oportunidad de disfrutar de lo que nos oferta la existencia. Buscaremos siempre el anhelo, a veces realizado, de dar con las máximas coincidencias en materia de comunicación. Podemos estar juntos, y lo lógico es que lo estemos. Hemos apreciado tantas posibilidades que hay un momento en el que podemos acercarnos a las realidades mismas. Esto ha de ser relevante. Nos congratulamos por ello. Viajemos, digamos, seamos, tengamos desde la moderación sin dobleces.
Se despliega un mundo de sensaciones por delante. Las distracciones son buenas, y también el hecho de que nos fijemos para solucionar algunos asuntos que siempre quedan pendientes. Nos preñamos de ilusiones que han de dar sus frutos. Recreemos lo mucho y lo poco. Vayamos adelante.
Mantengamos el tipo. Llegamos a unos ejes donde las intenciones cuadran a su manera, que debe ser la nuestra. Debemos adoptarlas. El todo es parte de un entretenimiento con el que aumentar los grados de amistad, con los que somos y seremos más y puede que hasta mejores. Nos hemos insistido con unas experiencias de batallas preñadas de caricias y de llevaderas sentencias hacia ese lugar donde la voluntad ha de destacar para que nada falle.
Felicitamos las causas con unas intenciones que se nublan con valores esenciales. No estamos para devolvernos a esos estadios que dejaron todo para apenas hacer nada. Nos convocamos para tratar de entender esas señales de amistades con las que unir esfuerzos, empeños y tareas. Debemos seguir acudiendo hasta que cuaje la cita. Nos daremos muchos momentos especiales. Hemos generado el entusiasmo suficiente para conseguir la paz de espíritu. Nos quedaremos como nuevos.
La vida es un eterno reto que hemos de procurar sobrellevar con entendimientos y complacencias de buen talante y mejor humor. Vayamos a ver lo que ocurre y seamos en la noche más dialogante. Será el hito con el que diferenciaremos lo primero de lo segundo. Nos tenemos en la convalecencia, y la defensa será descubrir que resta más tarde. No nos frustremos antes de tiempo. No seamos simples. Las convenciones no ayudarán. Pongamos fe a través de la conversación que nos promocionará como amigos. Nos hemos de detectar con consentimientos de plenitud. Tengamos influencias.
Los símbolos han de convertirse en esas líneas que podremos y deberemos seguir hasta que la cuesta no sea tan alta. No sé qué hemos hecho para que las cosas no hayan salido, de momento, como esperábamos. Debemos insistir con los intentos, hasta que demos con los instantes más honrosos y felices. Nos diremos que la convocatoria no quedará desierta, y así será. Lo cumpliremos.
No nos ignoremos. Las coincidencias nos harán más de fiar. No pasemos página. Tenemos que narrar esos sentimientos que nos dictarán lo que hemos de conocer con intereses sin interpretaciones vacías. Las ideas brillarán con sus oportunos experimentos. Nos regalaremos resultados. Los libros de nuestras existencias están por escribir. Veamos sus puntos cruciales. Poco a poco iremos detectando en la radiografía existencial una serie de efectos con estampaciones en positivo. Ahí estarán los ejes. Estemos orgullosos de la lógica de la comunicación desde líneas que han de servir de guía, nunca de límites.
Juan TOMÁS FRUTOS.
sábado, 30 de enero de 2010
viernes, 29 de enero de 2010
Creencias comunicativas útiles
Creer y comunicar desde el resultado positivo es el objetivo. Hagamos un poco de resumen de actividades que intentamos conservar. Destacamos lo que pensamos, lo que nos consigue desde la virtud y el buen fin. Pregonamos claves que han de acertar, si no a la primera, pronto, en cuanto es posible, con garantías, o puede que sin ellas, pero prestas a la devoción consecuente. La solidaridad es la base del futuro que perseguimos, con comunicación, con diálogo, con consenso. Las declaraciones han de ir firmes y sin pausa.
Nos posicionamos a menudo en la idea del equilibrio para dar con las suposiciones que, debidamente contrastadas, constituyen la inercia que nos aproxima a lo que tiene algo más que definir. Intentemos llegar a ello con carisma, con gratitud, procurando que todos estemos en el mismo lado y con la dirección hacia intereses comunes.
Nos insertamos en las ranuras para monedas dispares en las nuevas inercias con las que nos conducimos hasta venir al punto donde hemos de medir lo que tenemos, lo que no. Aprendamos que, en la diversidad, está el gusto. Hemos de vivir las emociones de cada momento con instantes de creencias útiles. No busquemos únicamente nuestro bienestar, sino el de todos. En ello daremos con el símbolo que nos invitará a nuevas iniciativas.
La existencia ha de discurrir con gratas caricias que hemos de recuperar y restaurar para que no se agoten. No nos pongamos tristes. La alegría es el cimiento para los grandes proyectos, para que sean logros de verdad. No dejemos atrás las costumbres que fueron y que serán con preferencias que hemos de sacar del ostracismo y del silencio.
Ideemos el presente con un fogoso futuro con el que intentar estar sintiendo sin alarmas, esto es, viviendo el interior con fuerza. Consultemos el reloj sólo para conocer las etapas, pero sin que éstas nos rompan el ritmo que debemos llevar a cabo. Sigamos hacia ese horizonte de colores vistosos y palpitantes.
Aprendemos de cuanto nos prefiere, de esas circunstancias que a veces deciden por nosotros. No elegimos del todo: son las variadas condiciones las que nos ponen en los bretes que nos entretienen, y puede que sea bueno que ocurra así. Iremos donde sea menester y con lo que sea menester en el objetivo de aclarar lo que anhelamos, hacia dónde nos dirigimos.
No nos cansemos. Ideemos soluciones incluso antes de tener los problemas. Tomemos esa respiración con segundos de sabor a gloria. Podremos saborear olores que creíamos olvidados de la juventud. También es deseable que la infancia no se olvide como referencia. Comuniquemos con nuestros argumentos desde el corazón.
Demos con los premios que nos invitarán a aspiraciones tan serias como joviales. En el equilibrio y en el diálogo están las virtudes de todo cuanto está por suceder. Nos hemos consolidado con relaciones que haremos eternas. Haremos del itinerario un entusiasmo constante.
Nos hemos de preferir como somos. No daremos con alarmas. Inauguremos las posturas con insistentes creencias hacia otra dimensión de la que aprenderemos muchísimo. Lo primero es respetar al otro, al tiempo que lo conocemos. De este modo pasaremos del hastío al deseo, y todo gracias a la maravillosa comunicación con la que hemos de ser más humanos, más nosotros mismos. Hoy os hago llegar mis anhelos, mis planteamientos de dulce factura. La cosecha lo será igualmente. La utilidad indeleble e inefable, la no tangible, la no material, es la que nos ha de mover.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Nos posicionamos a menudo en la idea del equilibrio para dar con las suposiciones que, debidamente contrastadas, constituyen la inercia que nos aproxima a lo que tiene algo más que definir. Intentemos llegar a ello con carisma, con gratitud, procurando que todos estemos en el mismo lado y con la dirección hacia intereses comunes.
Nos insertamos en las ranuras para monedas dispares en las nuevas inercias con las que nos conducimos hasta venir al punto donde hemos de medir lo que tenemos, lo que no. Aprendamos que, en la diversidad, está el gusto. Hemos de vivir las emociones de cada momento con instantes de creencias útiles. No busquemos únicamente nuestro bienestar, sino el de todos. En ello daremos con el símbolo que nos invitará a nuevas iniciativas.
La existencia ha de discurrir con gratas caricias que hemos de recuperar y restaurar para que no se agoten. No nos pongamos tristes. La alegría es el cimiento para los grandes proyectos, para que sean logros de verdad. No dejemos atrás las costumbres que fueron y que serán con preferencias que hemos de sacar del ostracismo y del silencio.
Ideemos el presente con un fogoso futuro con el que intentar estar sintiendo sin alarmas, esto es, viviendo el interior con fuerza. Consultemos el reloj sólo para conocer las etapas, pero sin que éstas nos rompan el ritmo que debemos llevar a cabo. Sigamos hacia ese horizonte de colores vistosos y palpitantes.
Aprendemos de cuanto nos prefiere, de esas circunstancias que a veces deciden por nosotros. No elegimos del todo: son las variadas condiciones las que nos ponen en los bretes que nos entretienen, y puede que sea bueno que ocurra así. Iremos donde sea menester y con lo que sea menester en el objetivo de aclarar lo que anhelamos, hacia dónde nos dirigimos.
No nos cansemos. Ideemos soluciones incluso antes de tener los problemas. Tomemos esa respiración con segundos de sabor a gloria. Podremos saborear olores que creíamos olvidados de la juventud. También es deseable que la infancia no se olvide como referencia. Comuniquemos con nuestros argumentos desde el corazón.
Demos con los premios que nos invitarán a aspiraciones tan serias como joviales. En el equilibrio y en el diálogo están las virtudes de todo cuanto está por suceder. Nos hemos consolidado con relaciones que haremos eternas. Haremos del itinerario un entusiasmo constante.
Nos hemos de preferir como somos. No daremos con alarmas. Inauguremos las posturas con insistentes creencias hacia otra dimensión de la que aprenderemos muchísimo. Lo primero es respetar al otro, al tiempo que lo conocemos. De este modo pasaremos del hastío al deseo, y todo gracias a la maravillosa comunicación con la que hemos de ser más humanos, más nosotros mismos. Hoy os hago llegar mis anhelos, mis planteamientos de dulce factura. La cosecha lo será igualmente. La utilidad indeleble e inefable, la no tangible, la no material, es la que nos ha de mover.
Juan TOMÁS FRUTOS.
jueves, 28 de enero de 2010
Economía 2009
LA ECONOMÍA EN EL TRÁNSITO DEL 2009, UN BALANCE DEMOLEDOR
Si en 2008 se agotó el espejismo, en 2009 se produjo el gran batacazo, sobre todo en economías como la española, y, por ende, también la regional. Cuatro millones de parados en toda España. No fue posible frenar la caída del empleo, a pesar de las medidas de los gobiernos de España y autonómicos. Los apoyos específicos a sectores como el automóvil no surtieron todo el efecto deseado, y, por otro lado, ámbitos como el agrario se quedaron en mínimos en cuanto a producción y ventas. Es cierto que, acostumbrado como está a incertidumbres, la agricultura aguantó la situación y apenas se perdió empleo, pero la construcción y la industria, fundamentalmente la de apoyo y/o complemento, cayeron en picado con la consiguiente pérdida de empleo. La visión fue catastrófica. Una de cada cuatro familias tenía algún parado entre sus miembros.
Una de las paradojas del 2009 es que las bolsas experimentaron una recuperación en el segundo semestre del año, encabezadas por determinadas industrias como las telecomunicaciones o las primarias, como base de un regreso a situaciones más normales. El caso de España no fue una excepción. Aunque el país se ubicó en una coyuntura más complicada que la del resto de grandes economías del planeta, no olvidemos que las bolsas se mueven por mimetismo en una economía global, esto es, se dio la recuperación en otras naciones y ello incidió en la escala mayor de nuestras finanzas e inversiones.
Hubo más datos negativos. El déficit público creció extraordinariamente en el 2009. Lo hizo por el aumento en los gastos sociales y para afrontar los costes de un número de desempleados a los que había que proteger en estos tiempos de complejidad y de mayor carestía. La crisis, desde luego, puso en cuestión el sistema, y parece que los primeros envites los está aguantando bien. El horizonte, sobre todo en países donde la recuperación va más lenta, como es el caso de España, se tiñe de nubarrones. Las medidas para salir de esta espiral se hacen ya más que necesarias e inmediatas.
El sistema bancario supo afrontar la coyuntura de tránsito, e incluso algunas de las entidades financieras recuperaron parte del valor que habían perdido en los meses anteriores. No obstante, la bancarrota de alguna Caja de ámbito regional, la necesidad de fusiones de las cajas autonómicas, la caída de la producción, de la productividad y del consumo, eso sí, con el aumento del ahorro familiar (esto es positivo, al menos en parte), etc., trazaron un panorama desolador, donde la economía se redujo en un 8 por ciento. La cifra es alta. Se puede hablar de catástrofe. Es verdad que sectores como el turístico no se desmoronaron, pero, sin duda, fue a costa de bajar muchos los precios y de visitas propiciadas entre los mismos nacionales. El turismo extranjero sí cayó hasta números impensables hace unos años.
Intentar que el consumo tire
Se hace necesario, en esta tesitura, apoyar a las Pymes, a las pequeñas y medianas empresas, que son el auténtico armazón de un sistema. El 90 por ciento del empleo lo proporcionan estas sociedades. También hay que fomentar que los bancos y entidades financieras sigan prestando, vuelvan a prestar, a un ritmo mayor, con intereses ventajosos y con las máximas garantías, pero sin excedernos en el nuevo lado del péndulo al que debemos tender.
La deflación que se ha dado en algunos sectores y durante meses no es buena. El consumo debe tirar de la economía, y no lo hace. Con ello nos metemos en un círculo vicioso del cual es difícil salir, pues necesitamos credibilidad para hacerlo. Hay que bajar, igualmente, los gastos de algunas administraciones y modernizar el sistema de financiación de los Ayuntamientos, con tributos antiguos y quizá mal enfocados.
En situaciones de crisis se percibe, asimismo, el grado de dependencia que tenemos del exterior. Los precios de los productos que importamos, aunque a veces son más bajos que los bienes que aquí generamos, hacen que nuestro sistema se tambalee. Tiene que haber un equilibrio entre lo que producimos y lo que consumimos, entre lo que ganamos y lo que gastamos. La desproporción actual no ofrece salida. El hecho de que más de la mitad de la población que trabaja gane menos de mil euros no ayuda a salir de la crisis. La economía debe andar un poco más repartida. Nos asustaría pensar la cantidad de productos y/o servicios que nos provocan dependencias de otras naciones. Las cifras que se barajan, las que subrayan los expertos, es que no producimos más del 20 por ciento de lo que gastamos. Es una pena que no planifiquemos a medio o largo plazo.
Por lo tanto, es un año, el 2009, ha sido un año, de contradicciones, de caídas en picado, de asumir que el sistema se está destruyendo, quizá para construir otro nuevo sobre él, esperemos que más justo. La idea es que aprovechemos la experiencia, la buena y la mala, para afrontar los meses, también duros, que están por venir.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Si en 2008 se agotó el espejismo, en 2009 se produjo el gran batacazo, sobre todo en economías como la española, y, por ende, también la regional. Cuatro millones de parados en toda España. No fue posible frenar la caída del empleo, a pesar de las medidas de los gobiernos de España y autonómicos. Los apoyos específicos a sectores como el automóvil no surtieron todo el efecto deseado, y, por otro lado, ámbitos como el agrario se quedaron en mínimos en cuanto a producción y ventas. Es cierto que, acostumbrado como está a incertidumbres, la agricultura aguantó la situación y apenas se perdió empleo, pero la construcción y la industria, fundamentalmente la de apoyo y/o complemento, cayeron en picado con la consiguiente pérdida de empleo. La visión fue catastrófica. Una de cada cuatro familias tenía algún parado entre sus miembros.
Una de las paradojas del 2009 es que las bolsas experimentaron una recuperación en el segundo semestre del año, encabezadas por determinadas industrias como las telecomunicaciones o las primarias, como base de un regreso a situaciones más normales. El caso de España no fue una excepción. Aunque el país se ubicó en una coyuntura más complicada que la del resto de grandes economías del planeta, no olvidemos que las bolsas se mueven por mimetismo en una economía global, esto es, se dio la recuperación en otras naciones y ello incidió en la escala mayor de nuestras finanzas e inversiones.
Hubo más datos negativos. El déficit público creció extraordinariamente en el 2009. Lo hizo por el aumento en los gastos sociales y para afrontar los costes de un número de desempleados a los que había que proteger en estos tiempos de complejidad y de mayor carestía. La crisis, desde luego, puso en cuestión el sistema, y parece que los primeros envites los está aguantando bien. El horizonte, sobre todo en países donde la recuperación va más lenta, como es el caso de España, se tiñe de nubarrones. Las medidas para salir de esta espiral se hacen ya más que necesarias e inmediatas.
El sistema bancario supo afrontar la coyuntura de tránsito, e incluso algunas de las entidades financieras recuperaron parte del valor que habían perdido en los meses anteriores. No obstante, la bancarrota de alguna Caja de ámbito regional, la necesidad de fusiones de las cajas autonómicas, la caída de la producción, de la productividad y del consumo, eso sí, con el aumento del ahorro familiar (esto es positivo, al menos en parte), etc., trazaron un panorama desolador, donde la economía se redujo en un 8 por ciento. La cifra es alta. Se puede hablar de catástrofe. Es verdad que sectores como el turístico no se desmoronaron, pero, sin duda, fue a costa de bajar muchos los precios y de visitas propiciadas entre los mismos nacionales. El turismo extranjero sí cayó hasta números impensables hace unos años.
Intentar que el consumo tire
Se hace necesario, en esta tesitura, apoyar a las Pymes, a las pequeñas y medianas empresas, que son el auténtico armazón de un sistema. El 90 por ciento del empleo lo proporcionan estas sociedades. También hay que fomentar que los bancos y entidades financieras sigan prestando, vuelvan a prestar, a un ritmo mayor, con intereses ventajosos y con las máximas garantías, pero sin excedernos en el nuevo lado del péndulo al que debemos tender.
La deflación que se ha dado en algunos sectores y durante meses no es buena. El consumo debe tirar de la economía, y no lo hace. Con ello nos metemos en un círculo vicioso del cual es difícil salir, pues necesitamos credibilidad para hacerlo. Hay que bajar, igualmente, los gastos de algunas administraciones y modernizar el sistema de financiación de los Ayuntamientos, con tributos antiguos y quizá mal enfocados.
En situaciones de crisis se percibe, asimismo, el grado de dependencia que tenemos del exterior. Los precios de los productos que importamos, aunque a veces son más bajos que los bienes que aquí generamos, hacen que nuestro sistema se tambalee. Tiene que haber un equilibrio entre lo que producimos y lo que consumimos, entre lo que ganamos y lo que gastamos. La desproporción actual no ofrece salida. El hecho de que más de la mitad de la población que trabaja gane menos de mil euros no ayuda a salir de la crisis. La economía debe andar un poco más repartida. Nos asustaría pensar la cantidad de productos y/o servicios que nos provocan dependencias de otras naciones. Las cifras que se barajan, las que subrayan los expertos, es que no producimos más del 20 por ciento de lo que gastamos. Es una pena que no planifiquemos a medio o largo plazo.
Por lo tanto, es un año, el 2009, ha sido un año, de contradicciones, de caídas en picado, de asumir que el sistema se está destruyendo, quizá para construir otro nuevo sobre él, esperemos que más justo. La idea es que aprovechemos la experiencia, la buena y la mala, para afrontar los meses, también duros, que están por venir.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Del discípulo al maestro
Hoy hago un alto en mi trayectoria de prisas para acercarme con dulzura y tranquilidad a uno de mis maestros. En unos días, Pedro Farias García presenta un nuevo poemario. Dice que lo hará en tierras zaragozanas, donde compartimos buenos amigos. Bueno, tenemos en común mucho más: entre otras cosas, defendemos una similar convicción sobre lo que es la vida; nos conforma una tesis doctoral que él me dirigió; contamos con el apoyo de su hijo, Pedro como él, que es un gran aliado; nos gusta comer y conversar en torno a los universales griegos… Nos miramos, seguramente, como almas gemelas, a pesar de las distancias. En lo intrínseco estamos en el mismo lado.
En las últimas décadas he crecido con varias personas en mi entorno que considero muy especiales. Si pongo en un lugar prevalente a las gentes de mi familia, por obvias razones, tengo, en paralelo, en Pedro Farias un emblema sobre lo que es el espíritu universitario, acerca de lo que es una persona culta, sobre el crecimiento personal e intelectual…, y por miles de razones lo considero un amigo del que aprendo a raudales cada día.
Conecté con Pedro cuando estaba en Madrid, buscando salir adelante en una profesión que me ha dado todo. Aprendí con él, y sigo haciéndolo. Lo último es ese deseo que él manifiesta a sus más allegados de vitalidad, de compartir, de ser entre los demás, con los que continúa fomentando buenos anhelos de una manera descollante. Tiene buen humor, y mejor hablar, y mejor sentir. Lo demuestran esas poesías de las que hablo, que resumen su talento, su talante, su vocación.
Hay pocas personas en nuestras vidas a las que podamos llamar maestros. Él es una de ellas. Me considero un privilegiado cuando paso con él esas horas que me dedica cuando viene a Murcia, cuando se acerca a esta tierra donde hizo el bachiller, donde se aplicó en la Universidad, a la que supo amar como el primero. Aquí nació, y eso le hizo como es. Presume de murciano, como bien me cuentan, allá donde va.
En breve presentará también una reedición de su libro sobre las Constituciones españolas. Es un gran conocedor de la democracia, que defiende en lo teórico y con vehemencia práctica. Es peculiar, sí, mi amigo Pedro, mi maestro, toda una referencia con la que poder mejorar en lo intelectual y en lo personal, que son dos órdenes que van parejos.
No me pregunten por qué, que imagino que no hay un motivo determinado (puede, más bien, que haya cientos), pero hoy me apetecía hablar de los afectos hacia Pedro Farias, y así lo he singularizado, pues sobre su talla académica, sobre su trayectoria biográfica, ya se ha hablado recurrentemente y, aún siendo importante, no dice ni la mitad de lo que es en su biografía más íntima. Pedro, te mando un abrazo muy fuerte desde Murcia. Eres un catedrático en el sentido más extenso de la palabra. Lo sé, y te lo digo. De discípulo a maestro: con ese respeto y admiración te escribo.
Juan TOMÁS FRUTOS.
En las últimas décadas he crecido con varias personas en mi entorno que considero muy especiales. Si pongo en un lugar prevalente a las gentes de mi familia, por obvias razones, tengo, en paralelo, en Pedro Farias un emblema sobre lo que es el espíritu universitario, acerca de lo que es una persona culta, sobre el crecimiento personal e intelectual…, y por miles de razones lo considero un amigo del que aprendo a raudales cada día.
Conecté con Pedro cuando estaba en Madrid, buscando salir adelante en una profesión que me ha dado todo. Aprendí con él, y sigo haciéndolo. Lo último es ese deseo que él manifiesta a sus más allegados de vitalidad, de compartir, de ser entre los demás, con los que continúa fomentando buenos anhelos de una manera descollante. Tiene buen humor, y mejor hablar, y mejor sentir. Lo demuestran esas poesías de las que hablo, que resumen su talento, su talante, su vocación.
Hay pocas personas en nuestras vidas a las que podamos llamar maestros. Él es una de ellas. Me considero un privilegiado cuando paso con él esas horas que me dedica cuando viene a Murcia, cuando se acerca a esta tierra donde hizo el bachiller, donde se aplicó en la Universidad, a la que supo amar como el primero. Aquí nació, y eso le hizo como es. Presume de murciano, como bien me cuentan, allá donde va.
En breve presentará también una reedición de su libro sobre las Constituciones españolas. Es un gran conocedor de la democracia, que defiende en lo teórico y con vehemencia práctica. Es peculiar, sí, mi amigo Pedro, mi maestro, toda una referencia con la que poder mejorar en lo intelectual y en lo personal, que son dos órdenes que van parejos.
No me pregunten por qué, que imagino que no hay un motivo determinado (puede, más bien, que haya cientos), pero hoy me apetecía hablar de los afectos hacia Pedro Farias, y así lo he singularizado, pues sobre su talla académica, sobre su trayectoria biográfica, ya se ha hablado recurrentemente y, aún siendo importante, no dice ni la mitad de lo que es en su biografía más íntima. Pedro, te mando un abrazo muy fuerte desde Murcia. Eres un catedrático en el sentido más extenso de la palabra. Lo sé, y te lo digo. De discípulo a maestro: con ese respeto y admiración te escribo.
Juan TOMÁS FRUTOS.
miércoles, 27 de enero de 2010
Materia y sentimientos espirituales comunicativos
Somos en la dualidad, gracias a ella, es decir, participamos de lo físico, de la materia, y también del espíritu, de la sensibilidad. Comencemos cada día de la mejor manera que podamos. Una de ella es comunicando felicidad, dando lo mejor de nosotros mismos. Hay quien confunde la altura física con la intelectual, o incluso quien no las distingue, o quien no es capaz de ver los matices y las buenas propiedades que una y otra tiene. En teoría se complementan, no se pisan, no son incompatibles: no podemos decir que una se superponga a otra. Gracias a las dos damos con grandes ventajas, que debemos intentar que no sean excluyentes. En todo caso, sí ha de imperar una primera apreciación, y es que lo importante no es sólo lo que se ve, sino lo que experimentamos, lo que somos por dentro. La vida podría ser definida como sentimientos, hasta tal punto de que son sentimientos lo que quedan tras las grandes obras.
Por eso, para dar con el interior, hemos de comunicar con reflejos y buenas intenciones en el propósito de conseguir que la paz reine por los lugares por donde camina el corazón, que es la auténtica gema que hemos de conservar a toda costa. Con escrúpulos, con empatías, con entendimientos, con los talismanes que provienen de la espiritualidad y de la humanidad, todo es sorteable y mejorable.
Las raíces de la vida humana no se hunden en lo material, aunque lo parezca, sino en el tránsito hacia la mejor de las voluntades. El conocimiento nos reconoce y nos hace mejores personas. No fracasemos, y, si lo hacemos, nuestro deber es volverlo a intentar. Somos capaces de más cosas de las que pensamos. Además, no olvidemos que, si no fuera por determinados obstáculos, nunca podríamos demostrarnos hasta dónde podemos llegar. El legado humano no es siempre tangible. Quizá es bueno que no lo sea, para que no sea contaminado de malas vibraciones.
Valoremos, pues, los esfuerzos, los intentos, y no tanto las garantías. Nunca las hay. Hemos de procurar acercarnos a los momentos de un ímpetu lo suficientemente increíble como para enfrentarnos a controversias y carencias en los estados de ánimo y en las fortalezas. Seamos sensatos.
Rastreemos en la experiencia para ubicarnos en las señales más idóneas, entre ésas de las que aprendemos con serenidad y buenas intenciones, que han de ser suficientes para entusiasmarnos cada día con lo que tenemos, sea mucho o poco, que siempre es más de lo que posee la inmensa mayoría. Pongamos las cosas en su sitio e intentemos ver en lo relativo lo que ha de ser sustento en la mirada para auspiciarnos con gratitud de cara a resultados halagüeños, serenos, clarificadores.
Deseemos el bien cada vez que podamos, y manifestemos lo positivo como instrumento de auténtico entendimiento. Hemos de posibilitar los compromisos con insistentes dichas, que hemos de expandir por el cuerpo y por el alma. Tengamos presente también que empezar el día desayunando felicidad ayuda: nos da la altura contemplativa y comunicativa de la que hablamos. Sí. Pensemos que el día se verá de esta guisa, esto es, como un enorme regalo que hemos de cultivar para que fermente como la levadura. Los espíritus vuelan, la materia nos ancla al terreno de las cosas, y, juntos, somos más completos, nos hallamos en camino hacia le plenitud.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Por eso, para dar con el interior, hemos de comunicar con reflejos y buenas intenciones en el propósito de conseguir que la paz reine por los lugares por donde camina el corazón, que es la auténtica gema que hemos de conservar a toda costa. Con escrúpulos, con empatías, con entendimientos, con los talismanes que provienen de la espiritualidad y de la humanidad, todo es sorteable y mejorable.
Las raíces de la vida humana no se hunden en lo material, aunque lo parezca, sino en el tránsito hacia la mejor de las voluntades. El conocimiento nos reconoce y nos hace mejores personas. No fracasemos, y, si lo hacemos, nuestro deber es volverlo a intentar. Somos capaces de más cosas de las que pensamos. Además, no olvidemos que, si no fuera por determinados obstáculos, nunca podríamos demostrarnos hasta dónde podemos llegar. El legado humano no es siempre tangible. Quizá es bueno que no lo sea, para que no sea contaminado de malas vibraciones.
Valoremos, pues, los esfuerzos, los intentos, y no tanto las garantías. Nunca las hay. Hemos de procurar acercarnos a los momentos de un ímpetu lo suficientemente increíble como para enfrentarnos a controversias y carencias en los estados de ánimo y en las fortalezas. Seamos sensatos.
Rastreemos en la experiencia para ubicarnos en las señales más idóneas, entre ésas de las que aprendemos con serenidad y buenas intenciones, que han de ser suficientes para entusiasmarnos cada día con lo que tenemos, sea mucho o poco, que siempre es más de lo que posee la inmensa mayoría. Pongamos las cosas en su sitio e intentemos ver en lo relativo lo que ha de ser sustento en la mirada para auspiciarnos con gratitud de cara a resultados halagüeños, serenos, clarificadores.
Deseemos el bien cada vez que podamos, y manifestemos lo positivo como instrumento de auténtico entendimiento. Hemos de posibilitar los compromisos con insistentes dichas, que hemos de expandir por el cuerpo y por el alma. Tengamos presente también que empezar el día desayunando felicidad ayuda: nos da la altura contemplativa y comunicativa de la que hablamos. Sí. Pensemos que el día se verá de esta guisa, esto es, como un enorme regalo que hemos de cultivar para que fermente como la levadura. Los espíritus vuelan, la materia nos ancla al terreno de las cosas, y, juntos, somos más completos, nos hallamos en camino hacia le plenitud.
Juan TOMÁS FRUTOS.
martes, 26 de enero de 2010
El futuro y los recursos tecnológicos
La administración de los recursos nos ubica en una encrucijada donde el buen uso de lo disponible es crucial para los resultados que vengan después. Los progresos societarios y tecnológicos nos colocan en un umbral de enormes perspectivas. Tenemos todo el futuro del mundo. No debemos dudarlo. Las Nuevas Tecnologías, entre otros recursos, contribuyen a ello. Nos informan de todo, nos facilitan muchos procesos, nos intercomunican, y nos hacen ver lo que antes era más inescrutable o bien debían pasar muchos años antes de ser entendido y puede que hasta atendido.
El universo ha girado mucho en poco tiempo. Hemos asumido cambios de papeles, nuevos roles, deseos que van y que vuelven con nubes de algodones y, en paralelo, con reacciones a las mudanzas que tanto nos pueden. Hay una especie de pugna en la que, si respetamos los universales de bondad, solidaridad, entrega, empatía, etc., podremos conquistar cimas compartidas por la amistad y la esperanza.
No olvidemos que debemos singularizar con registros nobles. Nos hemos de regalar valentías con fines cargados de emociones ligeras de equipaje. Somos en la travesura perpetua, en el desierto que nos carga de sentimientos profundos. Podemos acercarnos a esa felicidad que hemos de repartir para que sea más amplia y más intensa.
Hemos adecuado, hasta ahora, algunos discursos, que aparecen como si los sentimientos tuvieran la suficiente fuerza para renacer. Las voluntades nos prefieren cuando son, con un poco menos, con un poco más, pero siempre desde la autenticidad. Sintamos el empeño como nuestro, como de todos, con solvencia. Hay futuro, y más con los elementos que nos ha regalado el destino del conocimiento humano, que ha de ser utilizado para claras mejorías.
El porvenir es hoy nuestro, de todos. Lo imaginamos. Sabemos que veremos la realidad de las cosas que nos han de gustar con insistentes caricias. Hemos comprendido el linaje de unas creencias que se repiten. El entusiasmo ha de venir de las diversas esencias, humanas y tecnológicas.
Nos postulamos para que nada quede al albur de un destino que no siempre ve lo que es en un destino sin fuga, aunque haya una tocata maravillosa que deberíamos saber mantener. Hagamos todo lo posible.
Seremos en los buenos ánimos, con unas creencias repetidas, que hemos de consolidar. Nos debemos despejar. Buscaremos ideas, debemos hacerlo, con las que movernos hacia ese inicio que nos permita un punto de partida idóneo, consolidado lo suficiente para no experimentar de nuevo el abandono. Incluiremos en nuestros compromisos los menos debates posibles.
Juguemos a ver lo que podemos hacer. Nos hemos de poner en marcha hacia ese nuevo momento que nos ha de unir. No dejemos que los silencios nos hagan cómplices. Las medidas nos darán posibilidades. Están ahí: aguardan.
Corregiremos los esfuerzos comunicativos para darnos más continuidad. Nos aportaremos menos debilidades, no de las consentidas. La existencia nos ha de conducir por respetos que nos hagan ganarnos las verdades con iniciativas amorosas. El amor es todo: con él no todo basta, pero sí es suficiente para alcanzar enormes cotas de dicha. Ésta sí es el sustento para justificar y explicar nuestro paso por tantos episodios y anhelos. Hay mucho futuro en la Red. Todo el que queramos. Dependerá de nosotros, de la dosificación que hagamos de los recursos, de la voluntad que pongamos. No olvidemos que el uso de los elementos condiciona el resultado y/o la experiencia con los mismos. Hemos de aprender de los errores, y también de los aciertos.
Juan TOMÁS FRUTOS.
El universo ha girado mucho en poco tiempo. Hemos asumido cambios de papeles, nuevos roles, deseos que van y que vuelven con nubes de algodones y, en paralelo, con reacciones a las mudanzas que tanto nos pueden. Hay una especie de pugna en la que, si respetamos los universales de bondad, solidaridad, entrega, empatía, etc., podremos conquistar cimas compartidas por la amistad y la esperanza.
No olvidemos que debemos singularizar con registros nobles. Nos hemos de regalar valentías con fines cargados de emociones ligeras de equipaje. Somos en la travesura perpetua, en el desierto que nos carga de sentimientos profundos. Podemos acercarnos a esa felicidad que hemos de repartir para que sea más amplia y más intensa.
Hemos adecuado, hasta ahora, algunos discursos, que aparecen como si los sentimientos tuvieran la suficiente fuerza para renacer. Las voluntades nos prefieren cuando son, con un poco menos, con un poco más, pero siempre desde la autenticidad. Sintamos el empeño como nuestro, como de todos, con solvencia. Hay futuro, y más con los elementos que nos ha regalado el destino del conocimiento humano, que ha de ser utilizado para claras mejorías.
El porvenir es hoy nuestro, de todos. Lo imaginamos. Sabemos que veremos la realidad de las cosas que nos han de gustar con insistentes caricias. Hemos comprendido el linaje de unas creencias que se repiten. El entusiasmo ha de venir de las diversas esencias, humanas y tecnológicas.
Nos postulamos para que nada quede al albur de un destino que no siempre ve lo que es en un destino sin fuga, aunque haya una tocata maravillosa que deberíamos saber mantener. Hagamos todo lo posible.
Seremos en los buenos ánimos, con unas creencias repetidas, que hemos de consolidar. Nos debemos despejar. Buscaremos ideas, debemos hacerlo, con las que movernos hacia ese inicio que nos permita un punto de partida idóneo, consolidado lo suficiente para no experimentar de nuevo el abandono. Incluiremos en nuestros compromisos los menos debates posibles.
Juguemos a ver lo que podemos hacer. Nos hemos de poner en marcha hacia ese nuevo momento que nos ha de unir. No dejemos que los silencios nos hagan cómplices. Las medidas nos darán posibilidades. Están ahí: aguardan.
Corregiremos los esfuerzos comunicativos para darnos más continuidad. Nos aportaremos menos debilidades, no de las consentidas. La existencia nos ha de conducir por respetos que nos hagan ganarnos las verdades con iniciativas amorosas. El amor es todo: con él no todo basta, pero sí es suficiente para alcanzar enormes cotas de dicha. Ésta sí es el sustento para justificar y explicar nuestro paso por tantos episodios y anhelos. Hay mucho futuro en la Red. Todo el que queramos. Dependerá de nosotros, de la dosificación que hagamos de los recursos, de la voluntad que pongamos. No olvidemos que el uso de los elementos condiciona el resultado y/o la experiencia con los mismos. Hemos de aprender de los errores, y también de los aciertos.
Juan TOMÁS FRUTOS.
lunes, 25 de enero de 2010
Los senderos de la comunicación
Hay muchas vías por las que podemos circular en muchas esferas vitales, y, por supuesto, más aún cuando hablamos de procesos comunicativos, que hemos de imaginar y defender abiertos. La fe mueve montañas, y probablemente todo lo demás. Hablamos de esa fe que supone convicción, buenas finalidades, propósitos que van más allá de una religión determinada. Nos referimos a la fe que es igual a confianza. Hay un futuro en la comunicación que nos determina para ser felices en la noche y puede que también en el día. No sabemos qué hacer en algunas ocasiones, pero debemos afrontar los retos con la máxima convicción. Nos hemos rodear de las mejores vibraciones, que nos deben proteger y arropar para lo que sea menester, en el aire de los albores de un nuevo día, que nos hace entender de todo, y puede que casi de nada, desde la fe en el presente y, sobre todo, en el porvenir. De vez en cuando caemos en esa sima que nos hace vivir el anochecer que nos regala la palabra con la quietud de quienes vuelven con la novedad más incierta. La superamos gracias a la comunicación, que ha de imponer el criterio del aprendizaje conjunto.
Hemos de estar en ese tono que nos ha de mitigar cualquier dolor, que surcará los efectos de unos rayos no contemplados desde el éxito fungible. Puede que lo mejor sea advertir nuevos propósitos en el afán de abandonar los instantes de otras batallas no escritas. Caminemos desde el máximo pacifismo buscando luchas y entregas que nos han de dar las salidas más correctas. Nos hemos de tener para lo que sea preciso, aunque sea para conservar la confianza, que no es poco. Busquemos las insistentes solvencias en las que nos hemos de mover todos, o casi todos.
El futuro es comunicación, es la comunicación, es lo que es, y seguirá siéndolo desde el objetivo loable de compartir a base de sensaciones nuevas, flamantes, buscadas en un eterno buceo a las esencias desde las cuales compartir con alegrías medio iniciadas, o absolutamente reales. Estaremos en ese bullicio, prestos a lo que suceda. La vida no nos ha de ahorrar consultas. Pensemos en hablar siempre que sea posible. La astucia ha de caminar por los senderos más lindos. Nos tenemos. Eso nos ha de regalar fuerza. La claridad nos ha de colmar de dichas. Seamos una y otra vez.
Añoremos los momentos de dicha, fundamentalmente aquellos que hemos sido capaces de compartir. Miremos a lo alto y digamos que las verdades son, que han de ser, que con ellas seremos, siempre seremos. Es una bendición el poder dialogar y compartir lo que pensamos, lo que hacemos, lo que nos proponemos realizar. Lo abstracto se traduce en amistad, en buenos ratos, o hemos de contribuir a ello. Somos en la voluntad que todo lo señala. Hemos de converger en las necesidades que nos hacen a todos humanos, porque lo somos en las mismas indicaciones de la Naturaleza.
Nos debemos permitir sensaciones de las cuales ir escudriñando nuevos anhelos y mejores caricias hacia la voluntad de ser y de estar con las inquietudes de lo que tiene algo de sentido. No todo es saber. La vida es un tránsito hacia muchas partes, y en ese caminar todos hemos de aprender con humildad y con perspectiva de futuro, que lo tendremos juntos, si sabemos estar en el tono de las cosas. Hemos sido, y más que seremos, desde el convencimiento de que, cuando hablamos, no sólo damos, sino que también recibimos. Hay futuro, todo el que precisamos para ser felices, que es la más legítima de las aspiraciones. Intentemos ir por él. La confianza en la comunicación nos reportará una alegría impagable con la que abundaremos en más bienestar. Seguro. Las sendas y opciones comunicativas aguardan sin complejos por un campo abierto y más que abonado.
Juan TOMÁS FRUTOS.
Hemos de estar en ese tono que nos ha de mitigar cualquier dolor, que surcará los efectos de unos rayos no contemplados desde el éxito fungible. Puede que lo mejor sea advertir nuevos propósitos en el afán de abandonar los instantes de otras batallas no escritas. Caminemos desde el máximo pacifismo buscando luchas y entregas que nos han de dar las salidas más correctas. Nos hemos de tener para lo que sea preciso, aunque sea para conservar la confianza, que no es poco. Busquemos las insistentes solvencias en las que nos hemos de mover todos, o casi todos.
El futuro es comunicación, es la comunicación, es lo que es, y seguirá siéndolo desde el objetivo loable de compartir a base de sensaciones nuevas, flamantes, buscadas en un eterno buceo a las esencias desde las cuales compartir con alegrías medio iniciadas, o absolutamente reales. Estaremos en ese bullicio, prestos a lo que suceda. La vida no nos ha de ahorrar consultas. Pensemos en hablar siempre que sea posible. La astucia ha de caminar por los senderos más lindos. Nos tenemos. Eso nos ha de regalar fuerza. La claridad nos ha de colmar de dichas. Seamos una y otra vez.
Añoremos los momentos de dicha, fundamentalmente aquellos que hemos sido capaces de compartir. Miremos a lo alto y digamos que las verdades son, que han de ser, que con ellas seremos, siempre seremos. Es una bendición el poder dialogar y compartir lo que pensamos, lo que hacemos, lo que nos proponemos realizar. Lo abstracto se traduce en amistad, en buenos ratos, o hemos de contribuir a ello. Somos en la voluntad que todo lo señala. Hemos de converger en las necesidades que nos hacen a todos humanos, porque lo somos en las mismas indicaciones de la Naturaleza.
Nos debemos permitir sensaciones de las cuales ir escudriñando nuevos anhelos y mejores caricias hacia la voluntad de ser y de estar con las inquietudes de lo que tiene algo de sentido. No todo es saber. La vida es un tránsito hacia muchas partes, y en ese caminar todos hemos de aprender con humildad y con perspectiva de futuro, que lo tendremos juntos, si sabemos estar en el tono de las cosas. Hemos sido, y más que seremos, desde el convencimiento de que, cuando hablamos, no sólo damos, sino que también recibimos. Hay futuro, todo el que precisamos para ser felices, que es la más legítima de las aspiraciones. Intentemos ir por él. La confianza en la comunicación nos reportará una alegría impagable con la que abundaremos en más bienestar. Seguro. Las sendas y opciones comunicativas aguardan sin complejos por un campo abierto y más que abonado.
Juan TOMÁS FRUTOS.
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