Hemos de
resolver las incógnitas con un volumen agradable de buenas intenciones.
Atendamos los pronósticos, que hemos de convertir en realidad. No rompamos ese
volumen que antes fue nada. Nos debemos un tiempo finito.
Cuadremos las buenas fórmulas con
una moral bien alta, con una intención de creíbles y serenas dualidades que
vamos a compartir (podemos) para mejorar cuanto somos. Nos debemos un exponente
sin máximos ni mínimos. Todo será lo que deba ser en un momento en el que
superaremos el umbral de mil batallas.
Apuntemos esas claves que nos
dieron camino para olvidar lo que no sucedió. Hemos de averiguar esas
paciencias que nos tejieron grandes dosis de felicidad. Nos pondremos a pensar
en cuanto nos merece la pena.
Nos subrayamos cuestiones que nos
deben infundir respeto pero sin obsesionarnos. No rompamos los moldes que han
de servirnos de experiencias de existencias divinas. Nos lograremos en las
etapas más relevantes.
Digamos lo que fue, lo que es, lo
que tiene sentido. Nos interesamos en lo que nos ha de dar ese amor que nos
salve de los atascos y abismos sin fondo. La fuerza está en nosotros.
Juan TOMÁS FRUTOS.

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